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Un domingo para celebrar la Palabra de Dios

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Dios es un gran comunicador. Desde siempre, a lo largo de la historia, se manifestó de distintas maneras a diferentes personas con las que fue conformando un pueblo del cual todos somos parte. De las experiencias más trascendentes e importantes de lo que se denomina “Historia de la Salvación”, se fueron seleccionando los textos que hoy conocemos como La Biblia.

Nos dice Primo Corbelli, scj, en su libro Introducción a la Biblia:

Se habla de la Biblia como si fuera un solo libro. La Palabra Biblia es una palabra griega que significa libros; el singular es biblion y el plural es biblia. Está formada por 73 libros (46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento). La palabra latina Testamento significa pacto, alianza. Se habla de la Antigua Alianza de Dios con el pueblo de Israel por medio de Moisés; y de la Nueva Alianza con todos los pueblos por medio de Jesucristo.

Es importante para los cristianos el uso de la Palabra de Dios como guía de nuestra vida. Toda nuestra acción pastoral está basada en hacer presente en el mundo el plan que Dios tiene para los seres humanos como camino a la felicidad. En especial la propuesta que Jesús hace en el Evangelio: la construcción del Reino. Esto significa un cambio de vida, el cual se da como proceso personal, social y comunitario.

Actualmente la Iglesia está poniendo mucho énfasis en esto, por lo cual el papa Francisco ha instituido, a partir de este año, el tercer domingo de enero como Domingo de la Palabra de Dios.

En la Carta Apostólica Aperuit Illis, con la que se instituye este día especial, el Sumo Pontífice expresa:

La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce, es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura; pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: “La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo” (In Is., Prólogo: PL 24,17).

Ahora se ha convertido en una práctica común vivir momentos en los que la comunidad cristiana se centra en el gran valor que la Palabra de Dios ocupa en su existencia cotidiana. En las diferentes Iglesias locales hay una gran cantidad de iniciativas que hacen cada vez más accesible la Sagrada Escritura a los creyentes, para que se sientan agradecidos por un don tan grande, con el compromiso de vivirlo cada día y la responsabilidad de testimoniarlo con coherencia.

En este sentido, los Misioneros Claretianos vienen realizando desde hace varios años un caminar bíblico en sus comunidades, el cual se centra en que toda la Palabra impregne las distintas realidades de personas y grupos hacia dentro y hacia fuera, en misión compartida entre religiosos y laicos.

¡Qué bueno que nos integremos a estas y otras actividades bíblicas que se llevan a cabo en diferentes lugares y situaciones! En esto es importante la formación para poder bajar a la realidad lo que Dios quiere decirnos.

¿Por qué decimos que la Biblia es Palabra de Dios? Citamos nuevamente a Primo Corbelli:

En cada misa dominical, aún después de lecturas bíblicas chocantes para nuestra mentalidad de hoy, se nos dice: “Palabra de Dios”. Y, si es Palabra de Dios, obviamente debe ser considerada verdadera y vinculante. Pero a eso muchos se rehúsan. Es que, en realidad, ¿todo es verdad de Dios en la Biblia? Evidentemente, afirmar sin más que toda la Biblia es Palabra de Dios puede prestarse a confusiones. Lo más correcto es decir que toda la Biblia es Palabra de Dios, pero encarnada en palabras de hombres. Dios es el autor principal pero, como siempre hace, busca nuestra colaboración.

Que este Domingo de la Palabra de Dios podamos celebrar a nivel personal, familiar y comunitario, que Dios nos eligió desde siempre y que se comunica constantemente con nosotros; y que podamos dar testimonio constante de su Amor personal e incondicional para con sus hijos e hijas.

Concluimos con otro fragmento de la carta de Francisco antes citada, en la que él mismo nos explica el sentido de esta celebración:

Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad.

Las comunidades encontrarán el modo de vivir este domingo como un día solemne. En cualquier caso, será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor. En este domingo, los obispos podrán celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia.

Pablo de Claretiana

pablo.david.nobile@gmail.com