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Siete consejos para vivir una buena Navidad

 “Navidad es encontrar a Jesús. En esta noche santa se nos invita a que nos preguntemos cómo puedo encontrarlo, si estoy dispuesto a encontrar a Jesús o me dejo llevar por la vida como si ya estuviera todo jugado. No, Jesús está golpeando tu corazón, Jesús te dice lo mismo que le dice el Ángel a los pastores: te ha nacido un redentor.”

(Déjate encontrar por Él, Jorge Bergoglio, Editorial Claretiana, 2016).

 

Ante esta invitación de nuestro querido Papa Francisco, qué bueno es ponernos algunas metas para vivir a pleno esta fiesta tan importante para el mundo entero. Para eso te damos siete consejos que pueden ayudarte.

 

 

1. Ponernos el “traje de fiesta”  preparando el corazón, personalmente y el de la familia (Cfr Mt. 22, 12).

Cuando nos invitan a una fiesta nos ponemos un atuendo especial, conforme a la ocasión, y disponemos nuestro cuerpo y nuestra mente para adaptarnos al tipo de festejo del que se nos hace partícipes. En Navidad es bueno hacer lo mismo: buscar la mejor ropa que tengamos, usar un buen perfume y arreglarnos el cabello como signo exterior de que este día es diferente. Y con ello predisponernos a celebrar, a generar buen clima, a estar atento a las necesidades de las demás personas. Tomar la firme decisión de no discutir ni hablar de temas que puedan molestar a otros.

2. Preparar la casa y el lugar.

Para celebrar una buena fiesta todo debe estar dispuesto, ordenado y limpio, aunque sea sencillamente. Navidad es un momento especial para ello, como signo de nuestro orden interior. De esta manera, el consejo es que saquemos sólo lo que vamos a utilizar y disponer cada cosa en su lugar. Eso nos ayuda en nuestra armonía interior.

3. Decorar con plantas y flores naturales.

Seguramente en nuestra casa tenemos algunas plantas, tanto de interior como exterior. Elijamos las más vistosas y, buscando macetas que nos gusten, podemos ubicarlas en distintos lugares de la casa y hasta en la misma mesa. Y si podemos conseguir algunas flores, preparar dos lindos floreros que complementen y aromaticen el lugar.

4. Adornar la mesa poniendo lo mejor que tengamos.

Los mejores cubiertos, la vajilla más linda, servilletas de tela, una linda panera y, por supuesto, un lindo mantel  no deberían faltar en una mesa navideña, buscando también algún adorno artesanal que sirva de centro de mesa y acompañe el espíritu de la fiesta.

5. Cocinar esa receta que heredamos de nuestras abuelas.

Esa comida que nos enseñaron de chicos, ese postre característico de la familia, esa tarta que cuando la imaginamos podemos sentir el sabor y revivir momentos inolvidables, son las comidas que tenemos que cocinar. Y si le ponemos nuestro toque, vamos a dejar huella para las nuevas generaciones.

6. Consumir preferentemente frutos de estación.

Lo que se denomina habitualmente como “canasta navideña” es tradicional de aquellos países en los que la Navidad cae en período invernal. Es bueno buscar productos propios de nuestra tierra y de nuestra zona. Una buena ensalada de frutas o una tarta casera de manzanas realzan el sabor de nuestra cultura, más que artículos impuestos comercialmente. Al hacerlo, agradezcamos a la tierra lo que nos ofrece, así como lo hacemos en el momento de las ofrendas en la Eucaristía.

7. No dejar de celebrar.

Y hablando de Eucaristía: la Misa es la fiesta por excelencia. No dejemos de celebrarla juntos, en familia y en comunidad, dándole el verdadero sentido que ella tiene. Cantemos, alabemos al Niño Dios, escuchemos la Palabra y compartamos el Pan de la vida, saludando a las demás personas. Y digamos, como los ángeles y pastores, con nuestro testimonio de vida: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!” (Lc. 2, 14).

Pablo David Nobile.

Community Manager, Editorial Claretiana.

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