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Los Mártires Riojanos: cuatro hermanos fieles al proyecto de Jesús

Un obispo, dos curas y un laico… Todas las formas de vida cristiana que se abrazan en la Iglesia Católica están representadas en estos cuatro mártires, a punto de ser beatificados. No son un obispo cualquiera, dos curas cualquieras y un laico cualquiera, justamente por eso se destaca la vida de ellos. Editorial Claretiana estuvo dialogando con Gabriela Peña, autora del libro “Apasionados por el amor, la justicia y la paz – Los Mártires Riojanos. 

Gabriela: ¿Qué te llevó, como historiadora, a indagar en estas vidas, a escribir este libro?

Como historiadora me he dedicado a temas de historia de la Iglesia, en distintas épocas y momentos. Este, en particular, el de los llamados Mártires Riojanos – que por cierto, ninguno era riojano, ninguno de los cuatro había nacido en esa provincia: Angelelli y el padre Murias habían nacido en Córdoba, el laico Pedernera había nacido en San Luis y se había arraigado en Mendoza mucho tiempo, y el padre Logueville era francés; pero los conocemos como los mártires riojanos porque ellos adoptaron, hicieron suya esa provincia y dieron su vida allí.

Me interesó también porque hay una cuestión muy sutil aquí: la Iglesia los ha declarado mártires el año pasado, en 2018 y se ha resuelto la beatificación para abril de 2019. Pero en realidad la gente común y corriente, la gente sencilla, el pueblo, ya había reconocido esta condición de martirio y de santidad. Eso es lo primero que me llamó la atención: unos santos que fueron reconocidos primero por la gente común que siempre los consideró un ejemplo, siempre veneró su memoria; y después la Iglesia, entendida institucionalmente. Me pareció muy interesante eso desde el comienzo: ¿por qué esta gente era reconocida como santa por el pueblo, aunque en principio la Iglesia todavía no lo había hecho? Esa fue la cuestión que me movió a curiosidad y me impulsó a investigar sobre este tema.

Fueron cuatro vidas significativas, tanto para los riojanos como para la sociedad argentina y para toda la Iglesia.

Son cuatro vidas significativas, como siempre que se nos propone a un hermano como modelo para la beatificación o la canonización. Porque se piensa que todos, incluso no solo los creyentes, también los no creyentes, podemos tener algo que aprender de ellos o algo en que referenciarnos; podemos mirarlos como alguien que nos puede ser luz. En este caso, como decíamos al comienzo, están representadas las cuatro formas de vida cristiana: un obispo, un sacerdote secular, un religioso y un laico. Pero más allá de las formas de vida, creo que son vidas significativas porque fueron capaces de mantener la fidelidad a sus convicciones cristianas, al seguimiento de Jesús, a su vivencia del Evangelio hasta el extremo, lo cual implicó entregar la propia vida.

Ya entrando en el libro : tiene el prólogo de Monseñor Colombo ¿verdad?

Sí, el ha sido el responsable de esta causa de beatificación ha ha tenido la gentileza de escribir el prólogo y presentar este trabajo que, por cierto, no es el único sobre este tema, pero que intenta sumar mi propia perspectiva y la perspectiva de los editores, a esto que es una gran fiesta popular: la beatificación.

Recorriendo El Camino, se llama la primera parte. Es un tanto biográfica, como para conocer quienes fueron estos cuatro discípulos de Jesús, comprender dónde, cómo y con quiénes caminaron tras las huellas del Maestro.

Así es, porque es impresionante cuánto nos cuesta algunas veces comprender las circunstancias en las que los demás toman sus decisiones y las causas por las que viven su vida de fe de una determinada manera. Como historiadora, me pasa muy seguido corroborar que es muy importante comprender el entorno de los hechos para poder aproximarse a la verdad sobre los mismos. Así que en la primera parte del libro se plantea quiénes fueron, dónde, cómo y cuándo vivieron; cuáles eran las circunstancias del mundo, de nuestro país y de la Iglesia en ese tiempo y, por supuesto, de qué manera ellos abrazaron este seguimiento de Jesús en esas circunstancias particulares.

¿Podrías decirnos una palabra de cada uno?

Monseñor Angelelli era, claramente, un hombre de una profunda sensibilidad eclesial. Él participó en el Concilio Vaticano II como padre conciliar y para él el Concilio fue un hito esencial que, de algún modo, vino a confirmar las intuiciones y las inquietudes personales que él tenía en su opción por los más pobres, por los que sufren, por la gente sencilla. Por ello abrazó el Concilio de una manera tan intensa e hizo tanto esfuerzo por ponerlo en práctica. Un hombre profundamente sensible, humano, capaz de sentir con el pueblo, de ser un riojano más.

El padre Gabriel Longueville era un sacerdote francés que integraba una agrupación de sacerdotes para América Latina. Como tantos otros, llegó aquí pensando que este era el lugar para vivir fielmente el Evangelio, porque era un continente nuevo, con una Iglesia nueva. Estuvo un tiempito muy corto en México, después estuvo unos meses en Corrientes y finalmente fue destinado a la diócesis de La Rioja, a la parroquia de Chamical. Un hombre muy sencillo, según recuerdan los que lo conocieron, más bien introvertido, un gran artista: era tallador en madera, escultor, dibujante, pintor. Un hombre muy sensible y muy particular.

El padre Carlos Murias era cordobés de origen, de la orden de los Franciscanos Conventuales. Fue el más joven de los cuatro Mártires Riojanos, tenía 31 años al momento de su muerte. Mas bien bajito de estatura, le decían Carlitos por eso. Dejó su carrera de ingeniero por su inquietud vocacional. Había conocido a Angelelli en su juventud en unas reuniones dondese juntaban obreros y estudiantes católicos.

El laico Wenceslao Pedernera es el primer laico argentino en ser beatificado, el primer laico padre de familia. Es un dato no menor para nosotros los creyentes que tratamos de vivir la santidad en el día a día de la vida familiar, del trabajo para mantenernos, de las relaciones cotidianas con los vecinos, con los amigos. Al momento de su muerte tenía 39 años. No había sido siempre un católico muy ferviente, más bien al contrario. Conoció a su esposa trabajando en una finca. Tuvieron tres hijas que todavía viven. Una realidad única. Todos ellos van a asistir a la beatificación. Una cosa muy especial. Tiene su conversión, radical y absoluta, por mediación de su esposa: un dato importante a la hora de pensar nuestra vida diaria como familia. Comenzó a militar en el movimiento rural de Acción Católica en Mendoza, se formó, hizo capacitaciones para ser dirigente, estuvo a nivel nacional en el movimiento y ahí conoció la diócesis de La Rioja donde monseñor Angelelli intentaba darle toda la fuerza posible al movimiento rural. Y finalmente en 1973 decide ir con su familia allí para hacer una experiencia de vida comunitaria. Era un hombre semi analfabeto, pero cuando comentaba el Evangelio desde la vida diaria, era quien dirigía la reflexión sin saber mucho de Biblia. Desde el día en que conoció a Jesús, la Biblia no se le cayó de las manos nunca más. Eso es algo muy significativo. No hace falta tener una gran sabiduría del mundo en términos bíblicos.

¿Qué mensaje dejarías a los lectores del libro y de esta nota?

Es muy importante que podamos darnos cuenta que la declaración del martirio y la beatificación, de alguna manera nos están invitando a mirar a estos hermanos no por las cosas que hicieron, porque ellos hicieron lo que en su momento y en sus circunstancias les pareció que era lo que debían hacer, y por supuesto no vamos a imitar sus acciones porque vivimos en otro tiempo y en otras circunstancias. Pero sí admirar la capacidad de estos hermanos de leer los signos de sus propios tiempos, de interpretar lo que Dios les estaba diciendo de esa manera y de interpretar como el Evangelio pudo vivirse en sus circunstancias particulares. Yo creo que esa es la gran invitación: a mirar también nosotros cómo hay que vivir el Evangelio en nuestras circunstancias particulares. Y también atrevernos a mirar como Iglesia, si los lectores son creyentes,  y como sociedad aún si no lo son, hasta qué punto somos permeables y somos dóciles a estas mociones del Espíritu o a estos mensajes, a estos signos. Hasta qué punto somos capaces de ser innovadores, de atrevernos a algo nuevo. Hasta qué punto somos capaces de entender que  las instituciones son buenas y necesarias siempre que no ahoguen la creatividad del Espíritu.

A estos mártires no los mataron personas ateas o personas paganas, a diferencia de otros mártires´, como podían ser los de la antigüedad. Ellos murieron a manos de personas que también eran cristianas y que hasta estaban convencidas de estar siendo fieles a la fe al intentar acabar con este proyecto.

Creo que el principal mensaje es que seamos capaces de ver que vivir el proyecto de Jesús, vivir como Jesús vivió y escuchar lo que Jesús nos dice; hacer siempre opción por el que sufre, por el pobre, por el que nos necesita, por el que queda excluido, por el que no se puede sentar a la mesa común, hablando de la mesa en un sentido figurado. De eso se trata ser discípulo de Jesús y tenemos que encontrar ese mensaje. Me parece que eso es lo principal: saber que estos hermanos fueron fieles al mensaje de Jesús. Que tal vez no fueron comprendidos por muchos – evidentemente que no – si no, no hubieran tenido la muerte martirial que tuvieron. Que indudablemente a algunos les molestó su mensaje, pero que los sencillos, los humildes, los preferidos de Jesús, lo comprendieron, lo siguieron y se sumaron. Eso es lo que tenemos que reflexionar a la luz de la vida de estos hermanos: cual es hoy la manera de ser fieles al mensaje de Jesús.

Muchas gracias, Gabriela, por el tiempo dedicado, por tus palabras y sobre todo por el libro, el cual seguramente será muy leído. No faltará oportunidad en que volvamos a contactarte. Que podamos, como Iglesia, seguir el ejemplo de estos hermanos nuestros.

El libro cuenta con un código QR que permite acceder a un sitio web donde están los testimonios completos. Para más información y compra del libro, hacé click en el siguiente enlace: https://bit.ly/2V4BgYU

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