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La música nos ayuda a ser mejores personas

Desde la creación del hombre y la mujer, la música acompañó la vida del ser humano. Es más: podríamos decir que el universo está lleno de música desde toda la eternidad, ya que la misma no es inherente solo al ser humano, sino a todos los seres creados.

A nivel religioso, la música siempre fue muy importante a través de la historia, según el contexto cultural y pastoral de cada época.

Dentro de la Iglesia Católica son muchas los estilos musicales actualmente, como así también los objetivos para los cuales se aplica. No toda la música católica es litúrgica, por ejemplo. Existe gran variedad de estilos, tantos como la música en general. Hay bandas con todos los ritmos, con canciones que nos ayudan en la oración y en los diferentes estados y realidades que vivimos.

Y por otro lado, no toda la música católica es aplicable a la liturgia. La Misa es la oración por excelencia y debemos dar al canto el lugar que le corresponde.

Dice el Papa Francisco:

“La música sacra reduce las distancias incluso entre aquellos hermanos que a veces no sentimos cercanos. Por ello, en toda parroquia el grupo de canto es un grupo donde se respira disponibilidad y ayuda recíproca”

De hecho, el objetivo del coro o ministerio de música es ayudar a cantar al pueblo, el cual se constituye como el gran ministerio de música.

Las canciones no llenan espacios, son parte de la celebración y debe darse el lugar y el tiempo adecuados para que realcen la misma, sin apuros.

También Francisco nos habla de la música en general:

“No conoce barreras de nacionalidad, de etnia, de color de la piel, sino que involucra a todos mediante un lenguaje superior y siempre consigue poner en sintonía a personas y grupos de orígenes muy distintos”.

Toda música puede ser oración si nos acompaña en nuestra relación con Dios y con los demás.

El 22 de noviembre celebramos a santa Cecilia, y con ella el Día de la Música. Fue nombrada su patrona en 1594, el papa Gregorio XIII, poniendo bajo su intercesión a todos los músicos.

Que ella nos ayude a vivir una espiritualidad creativa, en la que cada melodía y cada canción realce nuestro ser partícipes de la creación de Dios.

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