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Evangelio del día y comentario – 9 de noviembre de 2020

Jn 2, 13-22: Hablaba del templo de su cuerpo

Basílica de Letrán Primera lectura: Ez 47, 1-2.8-9.12 El agua brotaba del templo Salmo responsorial: Sal 45, 2-3.5-6.8-9 Segunda lectura: 1Cor 3, 9c-11.16-17 Somos templos de Dios

Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. 14Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados. 15Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas; 16a los que vendían palomas les dijo: Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado. 17Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora. 18Los judíos le dijeron: ¿Qué señal nos presentas para actuar de ese modo? 19Jesús les contestó: Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré. 20Los judíos dijeron: Cuarenta y seis años ha llevado la construcción de este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? 21Pero él se refería al santuario de su cuerpo. 22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron que había dicho eso y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús

Comentario

Cuando los templos, en nombre de su dios idolátrico del dinero, se institucionalizan y se olvidan de sus pobres, entonces surgen hombres y mujeres que desenmascaran dichas idolatrías. Es interesante que Juan presente la purificación del templo al inicio de la actividad misionera de Jesús (contra los sinópticos que la presentan al final de la vida de Jesús), como señal que, para esta comunidad, el Templo ha dejado de ser el lugar donde Dios opera. Jesús en el evangelio de Juan se presenta como único intermediario entre la comunidad y Dios. El Templo como institución ideológica solo enferma a la comunidad, pues entorno a el: yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua (Jn 5, 2). Ante la gravedad del asunto, Jesús “destruye” ese falso templo y a esa espuria religión, para convertirse en portador de vida. ¿Es tu templo y tu religión portadora de vida?

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