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Evangelio del día y comentario – 9 de mayo de 2021

Jn 15, 9-17: Permanezcan en mi amor

6o de Pascua Jorge Preca (1962) Hch 10, 25-26.34-35.44-48: Pedro bautizó a Cornelio Salmo 97: El Señor revela a las naciones su justicia 1Jn 4, 7-10: Dios es amor

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó así yo los he amado: permanezcan en mi amor. 10Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices. 12Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. 13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. 14Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15Ya no los llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre. 16No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidan al Padre en mi nombre él se lo concederá. 17Esto es lo que les mando, que se amen unos a otros.

Comentario

El amor (ágape) es el signo mayor del resucitado. Quien ha experimentado la resurrección de Jesús está listo para amar. Y la razón es porque Jesús ha amado a sus discípulos como Él ha sido amado por el Padre. El amor está ligado a la obediencia. Escuchar las palabras del Señor y asumirlas como estilo de vida. Jesús ha sido obediente a la voz del Padre, por eso pide a sus discípulos que también ellos lo sean. Quien obedece como Jesús permanece en el amor del Padre. Y esa permanencia es garantía de felicidad. De tal manera que amar y obedecer es causa de profunda felicidad. Esa comunión amorosa cambia rotundamente la relación entre los amantes: son amigos entrañables y los amigos comparten todo con absoluta confianza. De tal manera que se van agregando dimensiones de lo que significa e implica el amor: obediencia, escucha, felicidad, amistad, confianza. El amor que propone Jesús, además de los aspectos anteriores tiene unas exigencias muy fuertes: dar la vida por quien se ama. Indudablemente que el Padre ha dado su vida (su Hijo) por amor a la humanidad, en consecuencia Jesús da la vida por sus discípulos pero también por aquellos que no lo son.

En esto consiste el misterio de la Salvación: es un Dios que no retiene lo más precioso para un Padre como es su Hijo entrañable, pero el Hijo da su vida con libertad por los que ama, por los que lo siguen y por aquellos que lo rechazan e, incluso, eliminan en la muerte de cruz. Esa relación entre el Padre y el Hijo es un volcamiento total del uno en el otro. De alguna manera es lo que Jesús pide a sus amigos discípulos, volcarse plenamente a Él en la medida en que se entregan apasionadamente a la misión evangelizadora. Ahí está el punto clave del seguimiento de Jesús. Llegar a la convicción de que solo entregándose plenamente al ministerio de la Palabra es posible llevar a cabo el anuncio explícito del Reinado de Dios.

En un mundo como el que nos corresponde vivir en este siglo XXI constantemente amenazado por guerras, por muros infranqueables entre Estados poderosos y pueblos empobrecidos, entre grupos sociales, este mensaje cobra vigencia. Cuando la alteridad, la solidaridad y justicia social impregnada de misericordia sean el motor que mueve al ser humano, entonces sí se podrá hablar de un verdadero cambio profundo. Solo cuando los seres humanos nos miremos como hermanos, solo así seremos capaces de construir el mundo fraterno utópico y esperanzador que hoy anunciamos. ¿Le apuestas a trasformar el mundo desde el amor compasivo y oblativo? ¿Conoces personas que lo hacen?

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