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Evangelio del día y comentario – 9 de enero de 2021

Jn 3, 22-30: El amigo del novio se alegra con la voz del novio

Julián, mártir (303) 1Jn 5, 14-21: Dios nos escucha en lo que le pedimos Salmo 149: El Señor ama a su pueblo

Jesús fue con sus discípulos a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar. También Juan bautizaba, en Ainón, cerca de Salín, donde había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba. Todavía no habían metido a Juan en la cárcel. Surgió una discusión de los discípulos de Juan con un judío a propósito de las purificaciones. Buscaron a Juan y le dijeron: – Maestro, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, del que diste testimonio, está bautizando, y todo el mundo acude a él. Respondió Juan: – No puede un hombre recibir nada si no se lo concede del cielo. Ustedes son testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado por delante de él. Quien se lleva a la novia es el novio. El amigo del novio que está escuchando se alegra de oír la voz del novio. Por eso mi gozo es perfecto. Él debe crecer y yo disminuir.

Comentario

La extraña cronología de este pasaje (en 3, 22 Jesús va a Judea, mientras que en 3, 1-21 ya estaba en Jerusalén) y el hecho de que los vv. 31-36 sean en gran parte una repetición de los vv. 13-21, no son necesariamente señales de dislocación del texto. Se diría que el evangelista ha puesto en paralelo dos narraciones referentes a un mismo tema, seguidas de una meditación semejante. La estancia de Cristo y sus discípulos en esa región debió de tener una relativa prolongación, como lo supone la misma naturaleza de ese bautismo, puesto que “bautizaba más que Juan” que “hacía más discípulos” que el Bautista, y que esta noticia había llegado a oídos de los fariseos de Jerusalén (Jn 4, 1). El bautismo de los “discípulos”, con la misma presencia y autorización de Cristo, y, sin duda, con alguna instrucción cristiana, conducía de una manera más directa hacia el mismo Cristo. Y hasta su recepción era un rito de incorporación, como “discípulos”, a la persona y reino de Cristo. Pero éste no bautizaba (Jn 4, 2), sino sólo sus discípulos. Y no con el bautismo sacramental, pues “aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Jn 7, 39). Pero todo ello preludiaba ya el bautismo cristiano.

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