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Evangelio del día y comentario – 8 de junio de 2020

Mt 5, 1-12: Dichosos los pobres

Medardo (550) Primera lectura: 1Re 17, 1-6: Elías sirve al Señor Dios Salmo responsorial: Sal 120, 1-2.3-4.5-6.7-8

En aquel tiempo, al ver a la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. 2 Tomó la palabra y comenzó a enseñarles del siguiente modo: 3 Felices los pobres de corazón, porque el reino de los cielos les pertenece. 4 Felices los afligidos, porque serán consolados. 5 Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra. 6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7 Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. 8 Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios. 9 Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. 10Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reino de los cielos les pertenece. 11Felices ustedes cuando los injurien y los persigan y los calumnien [falsamente] de todo por mi causa. 12Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante. De ese mismo modo persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.

Comentario

El comienzo del llamado Sermón del Monte es como un proyecto de vida y a la vez una fotografía de las cualidades del verdadero discípulo. Al leer este texto, es fácil ver que la propuesta de Jesús va a contramano de la propuesta de la sociedad vigente, tanto en el tiempo de Jesús como hoy. Llama la atención que la primera y la última bienaventuranza están en tiempo presente y proponen como “recompensa” el reino de los cielos y es que los que buscan la justicia son en verdad “pobres en espíritu”. Las otras bienaventuranzas muestran las características de quienes son pobres en espíritu, que deben ser las características de los discípulos. Jesús deja claras las consecuencias de asumir ese proyecto: la persecución. Los que luchan por la justicia son perseguidos por una sociedad antievangélica y los que no se empeñan en esa lucha no podrán ser nunca pobres en espíritu. La historia de nuestro continente está llena de mártires que han sido verdaderos discípulos de Jesús.

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