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Evangelio del día y comentario – 8 de enero de 2020

Mc 6, 34-44: Jesús se revela como profeta

Severino (482) Primera lectura: 1Jn 4, 7-10 Dios es amor Salmo responsorial: Sal 71, 1-4ab.7-8

Al desembarcar, vio un gran gentío y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas. 35Como se hacía tarde, los discípulos fueron a decirle: El lugar es despoblado y ya es muy tarde; 36despídelos para que vayan a los campos y a los pueblos vecinos a comprar algo para comer. 37Él les respondió: Denle ustedes de comer. Replicaron: Tendríamos que comprar pan por doscientos denarios para darles de comer. 38Les contestó: ¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver. Lo averiguaron y le dijeron: Cinco panes y dos pescados. 39Ordenó que los hicieran recostarse en grupos sobre la hierba verde. 40Se sentaron en grupos de cien y de cincuenta. 41Tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, bendijo y partió los panes y se los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran; y repartió también los pescados entre todos. 42Comieron todos y quedaron satisfechos. 43Recogieron las sobras de los panes y los pescados y llenaron doce canastas. 44Los que comieron [los panes] eran cinco mil hombres.

Comentario

Jesús siempre ve primero a la multitud, al conjunto de personas. Cuando los evangelios dicen muchedumbre o gentío, se trata del pueblo pobre, de los mendigos, los sin tierra, los considerados impuros para la religión oficial y los soñadores rebeldes de otra sociedad. Al verlos se compadece porque la compasión es la identidad más bella de Dios. Es Dios mismo que se compadece en la humanidad de Jesús. Este pueblo tiene gran necesidad de comida, pero no solo de ella sino que necesita compartir. Los discípulos relacionan este problema con el verbo comprar. Es para ellos un problema del mercado. Jesús cambia el lenguaje. No es problema de comprar sino de compartir. El mundo es una mesa que tiene comida para todos. Esos siete panes y dos pescados simbolizan la abundancia de comida del mundo. Nos hace falta el compartir. Ese es el proyecto de Dios: crear una mesa donde nos sentemos en grupos de cien y de cincuenta. Al compartir la comida, la vida, la comida sobra, es abundante y se guarda el resto para la comunidad.

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