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Evangelio del día y comentario – 8 de diciembre de 2020

Lc 1, 26-38: Alégrate, el Señor está contigo.

Inmaculada Concepción Primera lectura: Gn 3, 9-15.20 Establezco hostilidad entre ustedes. Salmo responsorial: Sal 97, 1-4 Segunda lectura: Ef 1, 3-6, 11-12 Nos eligió en la persona de Cristo

En aquel tiempo envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. 28Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. 29Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél. 30El ángel le dijo: No temas, María, que gozas del favor de Dios. 31Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. 32Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin. 34María respondió al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? 35El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. 36Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. 37Pues nada es imposible para Dios. 38Respondió María: Yo soy la servidora del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue

Comentario

María, concebida sin mancha de pecado original, es oportuna y eficaz en este tiempo de Adviento y en esta semana de preparación del camino del Señor, ya que la fiesta nos habla de “elección” como recuerda la Carta a los Efesios “nos ha elegido por pura gracia…” y de manera clara en el Evangelio cuando el arcángel llama a María “la llena de gracia”. Todas las promesas de Dios a la humanidad se hacen realidad en ella. La Palabra de Dios nos invita a contemplarla como “peregrina de la fe”, como la mujer que se dejó encontrar por Dios en su vida cotidiana y que, a pesar de no ver claro sus designios, respondió con un sí total y se puso en camino. Hoy, María nos invita a tener el arrojo para llevar adelante la voluntad de Dios con la fuerza del Espíritu. ¿Por qué nos aturde o confunde el hecho de que Dios se haga tan cercano a nosotros llamándonos hijos suyos e invitándonos a configurarnos con su Hijo en la Eucaristía?

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