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Evangelio del día y comentario – 7 de mayo de 2020

Jn 13, 16-20: Quien reciba al que envíe, me recibe a mí

María de San José (1967) Primera lectura: Hch 13, 13-25 Un salvador para Israel Salmo responsorial: Sal 88, 2-3.21-22.25.27

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: Les aseguro que el sirviente no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. 17Serán felices si, sabiendo estas cosas, las cumplen. 18No hablo de todos ustedes, porque sé a quiénes he elegido. Pero se ha de cumplir aquello de la Escritura: El que compartía mi pan se levantó contra mí. 19Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy. 20Les aseguro: quien reciba al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me envió.

Comentario

El anuncio de la resurrección de Jesús solo hace sentido completo con una historia de salvación que lo sustente. Su coherencia requiere de antecedentes para que pueda ser comprensible, e igualmente de eventos sucesivos. Es la historia de Israel lo que hace de Jesús el signo de la salvación de judíos y de griegos. Nuestra época cultiva poco el sentido de la historia, la hilación e interrelación de los eventos nos pasa desapercibida porque son tantos los que aparecen en el horizonte, y a tal velocidad, que se requiere tomar distancia para observarlos detenidamente y tiempo para percibir y analizar sus efectos. Un cristiano sin sentido de la historia no puede percibir la salvación, justamente porque la salvación de Dios tiene por médula la historia. La revelación de Dios es histórica. Si miramos a las generaciones que nos han precedido, descubriremos signos de la revelación de Dios en las familias, grupos sociales, ciudades edificadas, en los aportes de las ciencias y las artes. ¿Qué marcas de fe cristiana tenemos en nuestra historia local, regional o nacional?

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