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Evangelio del día y comentario – 7 de marzo de 2020

Mt 5, 43-48: Sean perfectos como el Padre

Perpetua y Felicidad, mártires (203) Primera lectura: Dt 26, 16-19 Serás el pueblo del Señor Salmo responsorial: Sal 118, 1-2.4-5.7-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 43Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores. 45Así serán hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. 46Si ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué premio merecen? También hacen lo mismo los recaudadores de impuestos. 47Si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? También hacen lo mismo los paganos. 48Por tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo.

Comentario

Nos encontramos con otra exigencia del Evangelio: el amor al prójimo, al hermano, que ya no sólo se limita a los de la propia familia, a los del propio grupo, a los que piensan, creen y se comportan igual, sino que va más allá: se extiende al diferente, al que vive distinto. Incluso la exigencia es mucho mayor, el amor tiene que alcanzar hasta los enemigos. Este obrar hace del creyente un verdadero hijo en el Hijo. Jesús, el Hijo verdadero del Padre, actúa así. Vive según una lógica que rompe los esquemas mezquinos de la sociedad. Jesús invita a todos sus seguidores a ser perfectos como el Padre del cielo. La perfección de Dios se expresa en su amor, gratuito y sin medida. Esta experiencia ha de ser vivida por los cristianos no como una Ley, sino como una nueva lógica, la del Reino, que tiene su base en la libertad y en el amor. Así, de esa forma se cumple toda la justicia. Solo el amor hace plenamente libre. El que odia es esclavo de la deshumanización.

 

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