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Evangelio del día y comentario – 7 de junio de 2020

Jn 3, 16-18: Jesús vino para salvar al mundo

Santísima Trinidad Primera lectura: Éx 34, 4b-6.8-9 Dios es compasivo y misericordioso Salmo responsorial: Interleccional Dn 3, 52-56 Segunda lectura: 2Cor 8, 14-17 La gracia de Jesucristo esté con ustedes

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. 18El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.

Comentario

Celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Un “concepto” que nos puede parecer difícil de comprender. El evangelio de hoy habla de amor y el misterio de amor más bello es el misterio de la Santísima Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo que viven en una íntima unión de amor que se difunde hacia nosotros. Podríamos decir que la Trinidad es el AMOR (así con mayúsculas) que Dios tiene por el mundo, por nosotros. Jesús ha venido al mundo, enviado por Dios, para que podamos conocer ese amor: noble, puro e infinito. Por medio de los evangelios podemos conocer a un Dios que es Padre y Madre y que viste lujosamente a las florcitas del campo y brinda hermosas plumas a los pajaritos del campo. Aunque no seamos dignos, en su misericordia, Dios nos ama sin medida y sin juzgarnos.

Ahora bien, el cómo respondamos a ese amor va a determinar nuestra salvación. Estamos invitados a seguir el proyecto de Dios para la humanidad que Jesús revela con su vida y su predicación. El don del amor es ofrecido al mundo sin ninguna discriminación, aunque el mundo tenga la posibilidad de acogerlo o de rechazarlo. Por el mismo amor, Dios nos ha creado con libertad y siempre tenemos la posibilidad de decir no al amor y elegir caminos de muerte y no de salvación. La respuesta al amor salvífico de Dios no puede ser superficial, egoísta, sino integradora, abierta a los demás y, sobre todo, atenta a la situación de los más necesitados. El amor cristiano no es simplemente el hecho de no hacerle daño a nadie, sino hacer el bien. Jesús no sólo habló del amor, sino que lo demostró con hechos concretos. Su mensaje y su vida nos permite entender de forma auténtica qué significa ser humano: dar la vida por los amigos.

Mucha gente que desconoce el cristianismo cree que lo más importante en nuestra religión es una serie de prohibiciones que llamamos pecados. Otros, que conocen un poco más, admiran el mandamiento del amor: ámense los unos a los otros. Pero pocos conocen el inmenso AMOR que Dios tiene por sus creaturas. Si uno no se adhiere a este proyecto de amor, se excluye a sí mismo de la plenitud de la vida y de la verdadera felicidad: el que no cree ya está juzgado.

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