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Evangelio del día y comentario – 7 de diciembre de 2020

Lc 5, 17-26: Levántate y vuelve a tu casa

Ambrosio (397) Primera lectura: Is 35, 1-10 Verán la gloria del Señor Salmo responsorial: Sal 84, 9ab.10-14

Un día estaba Jesús enseñando y entre los asistentes había unos fariseos y doctores de la ley llegados de los pueblos de Galilea y de Judea y también de Jerusalén. Él poseía fuerza del Señor para curar. 18Unos hombres, que llevaban en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo y colocarlo delante de Jesús. 19Como no encontraban por dónde meterlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y por el tejado lo descolgaron con la camilla, en medio de la gente, delante de Jesús. 20Viendo su fe, le dijo: Hombre, se te perdonan tus pecados. 21Los fariseos y los letrados se pusieron a discurrir: ¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién, fuera de Dios, puede perdonar pecados? 22Jesús, leyendo sus pensamientos, les respondió: 23¿Qué es más fácil? ¿Decir: se te perdonan los pecados, o decir: levántate y camina? 24Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico, yo te digo: levántate, carga con la camilla y vuelve a tu casa. 25Al instante se levantó delante de todos, cargó con lo que había sido su cama, y se fue a su casa dando gloria a Dios. 26El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios; sobrecogidos decían: Hoy hemos visto cosas increíbles.

Comentario

Esta semana somos invitados a andar por el camino trazado por Dios y por lo mismo “preparar ese camino”. La forma sana y correcta de realizarlo es través de la conversión que nos ofrece Jesús: se te perdonan tus pecados. Jesús es más que un profeta pues llega a la raíz profunda de todo desorden que habita en la humanidad y el mundo. Nos recuerda que sólo el perdón nos devuelve la salud integral, la armonía con los demás y con la naturaleza. Es hacer realidad la imagen que nos presenta Isaías sobre “las manos débiles y las rodillas vacilantes” que serán fortalecidas y afirmadas. Curar, es ante todo, perdonar. El discípulo misionero de Jesús, que es siempre un pecador perdonado, debería de ser experto en llegar a la raíz de la enfermedad y lo que obstaculiza el encuentro limpio con Dios y el prójimo. Sólo así podrá preparar en adviento el camino para la llegada del Señor que viene. ¿Aprovechas el sacramento de la reconciliación como una oportunidad para conseguir calidad humana y espiritual?

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