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Evangelio del día y comentario – 6 de septiembre de 2019

Lc 5, 33-39: Nadie pone vino nuevo en odres viejos

Eleuterio (s. VI) Primera lectura: Col 1, 15-20 Todo fue creado por él y para él Salmo responsorial: Sal 99, 1-5

En aquel tiempo los escribas y fariseos dijeron a Jesús: Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen sus oraciones, y lo mismo hacen los discípulos de los fariseos; en cambio los tuyos comen y beben. 34Jesús les contestó: ¿Pueden los invitados a la boda hacer ayuno mientras el novio está con ellos? 35Llegará un día en que el novio les será quitado, y aquel día ayunarán. 36Y les propuso una comparación: Nadie corta un trozo de un vestido nuevo para remendar uno viejo. Porque sería arruinar el nuevo, y el trozo nuevo no quedará bien con el vestido viejo. 37Nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues el vino nuevo reventaría los odres, se derramaría y los odres se echarían a perder. 38El vino nuevo se ha de echar en odres nuevos. 39Nadie que ha bebido el vino viejo quiere vino nuevo; porque dice: el añejo es mejor.

Comentario

En el judaísmo de tiempos de Jesús, el ayuno, la oración y la limosna eran prácticas religiosas fundamentales. Los discípulos de Jesús se comportan de modo diferente al resto de grupos religiosos. No siguen normas establecidas, no ayunan y se les nota poca espiritualidad. A Jesús lo responsabilizan de estos desordenes religiosos. La respuesta de Jesús señala la ceguera de quienes no han comprendido que algo nuevo está sucediendo, que el tiempo de Dios se ha hecho presente en Jesús de Nazaret y que no es tiempo de ayuno sino de fiesta y alegría. A los escribas, los fariseos y hasta los discípulos de Juan, les cuesta desprenderse de las antiguas prácticas religiosas. Prefieren añadir nuevos ritos y oraciones a la vieja tradición judía. Jesús en cambio “hace nuevas todas las cosas” Hay que renovar no solo las prácticas exteriores sino la fe y las actitudes interiores. El rostro del cristianismo en el mundo de hoy es triste y envejecido. Corresponde a los cristianos recuperar su alegría y capacidad de renovar la espiritualidad y las prácticas religiosas.

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