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Evangelio del día y comentario – 6 de marzo de 2020

Mt 5, 20-26: Reconcíliate con tu hermano

María de la Providencia, fundadora (1871) Primera lectura: Ez 18, 21-28 Que el malvado se convierta Salmo responsorial: Sal 129, 1-2.3-4.5-6ab.6c-8

Enseñó Jesús: Les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. 21Han escuchado que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. 22Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del fuego. 23Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene queja de ti, 24deja la ofrenda delante del altar, anda primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. 25Con el que te pone pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, tu rival te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. 26Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo.

Comentario

Jesús exige a sus seguidores que su justicia sea mayor que la de los letrados y fariseos. Es una dura exigencia. Es una propuesta fuerte. La invitación que hace el Maestro es a vivir un estilo de vida basado en principios de ética, que den razón humanamente de la experiencia de Dios que tiene cada creyente. Dios no puede ser cuestión de doctrina, liturgia o disciplina. La experiencia de Dios ha de traducirse en actos concretos de humanidad, en exigencias éticas profundas. El relato del Evangelio de hoy está estructurado sobre un modelo que se denomina “antítesis”: se dijo a los antiguos/pues yo les digo. Todo lo que Jesús hace y propone es tener la vida de Dios como lógica de la propia vida. Él coloca la base de toda relación humana en las Bienaventuranzas, en el bien al que está invitado, todo hombre y mujer, para hacer creíble la experiencia de Dios en la historia. ¿Estamos dispuestos a hacer del perdón y de la reconciliación la base de nuestra vida de creyentes?

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