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Evangelio del día y comentario – 6 de junio de 2021

Mc 14, 12-16.22-26: Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre

Cuerpo y Sangre de Cristo Marcelino Champagnat, fundador (1840) Éx 24, 3-8: Esta es la alianza del Señor Salmo 115: Alzaré la copa de salvación, invocando el nombre del Señor Heb 9, 11-15: Cristo es mediador de una nueva alianza

El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, le dijeron los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? 13Él envió a dos discípulos encargándoles: Vayan a la ciudad y les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Síganlo 14y donde entre, digan al dueño de casa: Dice el Maestro que dónde está la sala en la que va a comer la cena de Pascua con sus discípulos. 15Él les mostrará un salón en el piso superior, preparado con divanes. Preparen allí la cena. 16Salieron los discípulos, se dirigieron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. 22Mientras cenaban, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. 23Y tomando la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y bebieron todos de ella. 24Les dijo: Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. 25Les aseguro que no volveré a beber el fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios. 26Después cantaron los salmos y salieron hacia el monte de los Olivos.

Comentario

No hay que entender los preparativos para la cena como algo misterioso… como si Jesús hubiera sabido por una revelación superior qué iban a encontrar los dos discípulos al llegar a la ciudad. El hecho es que al escribirse este evangelio ya era sabido que la primera comunidad de Jerusalén se reunía en casa de Marcos (Hch 12, 1). Y suponemos que es ahí donde Jesús se reunió con sus discípulos y discípulas para celebrar la fiesta más solemne para los judíos: la Pascua.

Año tras año, los judíos conmemoraban el paso de la esclavitud de Egipto a la libertad con una cena solemne en la que se comía pan sin levadura, recordando que cuando huían no hubo tiempo de leudar el pan, y cordero con hierbas amargas… y aunque no era costumbre, esa noche especial se bebía vino. En un gesto familiar y conocido por los discípulos, Jesús bendice el pan y lo comparte con ellos. Cuando se celebraba la Pascua, quien presidía la cena iba explicando el significado de los distintos elementos del rito. La novedad está en la explicación que da a Jesús al partir el pan: esto es mi cuerpo… y al ofrecer a todos la copa de vino agrega: esta es mi sangre… Con las palabras de Jesús, el gesto cotidiano adquiere un significado diferente: Él se da a sí mismo, adelantando lo que será su entrega en la cruz.

En la primera alianza, en el Sinaí, Moisés había derramado la mitad de la sangre de las víctimas en el altar y la otra sobre el pueblo, como un signo de la alianza entre Dios y el pueblo de Israel. Ahora Jesús ofrece su sangre para sellar la nueva alianza con su comunidad. Ya los primeros cristianos entendieron la celebración de la Eucaristía como una conmemoración de lo sucedido aquella noche. Se reunían en torno a una mesa, recordaban las enseñanzas del Maestro y luego compartían los alimentos. Hoy en día se ha cambiado la mesa por el altar y la comida compartida por las hostias consagradas, haciendo que se pierda el sentido original de la acción de gracias: eucaristía.

También en nuestras celebraciones eucarísticas compartimos la Palabra de Jesús, hacemos memoria de su vida y luego participamos de la comunión. Pero no podemos participar de la Eucaristía, tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, si no estamos dispuestos a comprometernos, como Él, en el servicio a los demás, sin tener miedo de ofrecer incluso nuestra vida. No se trata solo de un rito, sino de comulgar con los hermanos y las hermanas que sufren. ¿Cómo podemos compartir el pan eucarístico e ignorar el hambre de millones de personas, que no tienen pan, ni justicia, ni futuro?

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