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Evangelio del día y comentario – 6 de enero de 2021

Mc 6, 45-52 Lo vieron andar sobre el lago

Melchor, Gaspar y Baltasar 1Jn 4, 11-18 Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros Salmo 71: Que te adoren, Señor, todos los pueblos

Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran y lo precedieran a la otra orilla, a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirse, subió al monte a orar. Anochecía, y la barca estaba en medio del lago y él solo en la costa. Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, hacia la madrugada se acercó a ellos caminando sobre el agua, intentando adelantarlos. Al verlo caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo habían visto y estaban asustados. Pero él inmediatamente les habló y les dijo: – ¡Tranquilícense! Soy yo, no teman. Subió a la barca con ellos y el viento cesó. Ellos estaban absolutamente asombrados; ya que no habían entendido lo de los panes, porque tenían la mente cerrada.

Comentario

Después de la multiplicación de los panes, los discípulos tienen una experiencia especial, sobre la barca, en medio del lago, donde se encuentran solos y en peligro. Jesús se retira a orar, y más tarde sale al encuentro de ellos caminando sobre el agua. El paso de Jesús sobre el lago es una manifestación de su poder y una promesa de salvación para sus discípulos. Estos no lo comprenden, porque tampoco habían comprendido que en la multiplicación de los panes, anticipo de la Eucaristía, Jesús se había hecho alimento y sustento para todos y para siempre. Su mente seguía embotada. Todavía son de los que miran y no ven. Es una dura recriminación de su ceguera, pero también una exhortación a la comunidad cristiana de todos los tiempos para que se abra a la fe en Jesús con la luz de la mañana pascual. Aún cuando todo invite a creer que el Señor resucitado está ausente, su presencia protectora es segura. El actúa y deja destellar su gloria divina incluso en la noche oscura y en la turbulencia de un mar alborotado. Hoy Jesús sigue manifestando su poder, y sus palabras se hacen actuales para todos los discípulos de nuestro tiempo: “¡ánimo, soy yo!” es una invitación a continuar nuestro camino y misión seguros de que él está con nosotros.

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