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Evangelio del día y comentario – 6 de enero de 2020

Mt 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

Epifanía del Señor Primera lectura: Is 60, 1-6 La gloria del Señor amanece sobre ti Salmo responsorial: Salmo 71, 1-2.7-8.10-13 Segunda lectura: Ef 3, 2-3a.5-6 Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos

Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. Sucedió que unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos aparecer su estrella y venimos a adorarle. […] 7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; 8 después los envió a Belén con el encargo: Averigüen con precisión lo referente al niño y cuando lo encuentren avísenme, para que yo también vaya a adorarle. 9 Y habiendo escuchado el encargo del rey, se fueron. De pronto, la estrella que se les apareció en oriente avanzó delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el niño. 10Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría. 11Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra. 12Después, advertidos por un sueño de que no volvieran a casa de Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Comentario

El evangelio de hoy nos narra esa manifestación definitiva de Dios en Jesús a todos los pueblos de la tierra. Se creía por entonces que el nacimiento de todo gran personaje en la tierra era acompañado por la aparición de una estrella en el firmamento. A Jesús no le debía faltar la suya. En la estrella que conduce a los magos a Jesús, el evangelista Mateo quiere representar la marcha de los paganos hasta la fe. Estos personajes, a más de extranjeros, ejercían una profesión penalizada por la Biblia: la magia. Es muy importante resaltar que los dos primeros y únicos grupos de personajes que desfilaron ante Jesús, tras su nacimiento, no contaban entre los poderosos de la tierra, pues eran marginados del mismo pueblo de Israel (pastores) o extranjeros mal vistos por la religión oficial (magos). De los magos hemos sabido (¿inventado?) más con el tiempo. Desde el siglo II se piensa que eran tres, a juzgar por los tres regalos que le ofrecen al niño: oro, incienso y mirra. En el siglo VI se les bautizó en con el nombre de reyes: Melchor, rey de Persia; Gaspar, rey de Arabia, y Baltasar, rey de la India. San Beda (s. VIII) los considera representantes de Europa, Asia y África, los tres continentes conocidos en aquel tiempo.

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