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Evangelio del día y comentario – 6 de agosto de 2021

Mc 9, 2-10: Este es mi Hijo amado

Transfiguración del Señor Dn 7, 9-10.13-14: Su vestido era blanco Salmo 96: El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra 2Pe 1, 16-19: Oímos una voz del cielo

En aquel tiempo, Jesús llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: 3 su ropa se volvió de una blancura resplandeciente, tan blanca como nadie en el mundo sería capaz de blanquearla. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. 5 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías 6 No sabía lo que decía, porque estaban llenos de miedo. 7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y salió de ella una voz: Éste es mi Hijo querido. Escúchenlo. 8 De pronto miraron a su alrededor y no vieron más que a Jesús solo con ellos. 9 Mientras bajaban de la montaña les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. 10Ellos cumplieron aquel encargo, pero se preguntaban qué significaría resucitar de entre los muertos.

Comentario

Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) narran la transfiguración. La comunidad de Marcos, cuyo texto leemos hoy, está integrada, en su mayoría, por personas de origen pagano; es una comunidad pobre, en crisis, llamada a dar razón de su fe e identidad. Para ella la experiencia de Jesús transfigurado, será de mucha importancia en el reafirmar su fe y su seguimiento. El Evangelio quiere decir que la Ley y los Profetas están al servicio y tienen sentido en función de Jesús, que es el Señor, en su gloria, al servicio del cual está toda la Sagrada Escritura. La propuesta de Pedro de quedarse en la montaña es una insinuación para no afrontar el futuro próximo de Jesús que seis días antes les había anunciado su pasión. Nosotros, al igual que la comunidad de Marcos, no podemos evitar la realidad, tendremos que seguir dando testimonio de nuestra fe, aun cuando el temor y los acontecimientos nos quieran superar.

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