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Evangelio del día y comentario – 6 de agosto de 2020

Mc 9, 2-10: Este es mi Hijo amado

Transfiguración del Señor Primera lectura: Dn 7, 9-10.13-14 Vi a un anciano con vestido blanco Salmo responsorial: Sal 96, 1-2.5-6.9

En aquel tiempo, Jesús llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: 3 su ropa se volvió de una blancura resplandeciente, tan blanca como nadie en el mundo sería capaz de blanquearla. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. 5 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías 6 No sabía lo que decía, porque estaban llenos de miedo. 7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y salió de ella una voz: Éste es mi Hijo querido. Escúchenlo. 8 De pronto miraron a su alrededor y no vieron más que a Jesús solo con ellos. 9Mientras bajaban de la montaña les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. 10Ellos cumplieron aquel encargo pero se preguntaban qué significaría resucitar de entre los muertos.

Comentario

Hoy la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor. En el evangelio, se nos narra que Pedro, Santiago y Juan vieron la divinidad de Jesús en la montaña, lugar del encuentro con Dios. La divinidad se ha manifestado en la profecía (Elías) y en la liberación del pueblo (Moisés). Ahora Jesús manifiesta la plenitud de la comunicación de Dios con su pueblo. En la transfiguración se descubre la llamada del discípulo a bajar de la montaña, a no quedarse con lo cómodo de la experiencia de fe, sino a enfrentar las exigencias del seguimiento de Jesús. En la Transfiguración del Señor hay un itinerario de fe, subir a la montaña, encontrarnos con Dios por medio de la Palabra para divisar la belleza de la creación, las luchas de los pueblos y los sufrimientos de las ciudades. No podemos omitir bajar de la montaña, enfrentar las realidades humanas con la fuerza de Dios, con el compromiso permanente de escuchar a Jesús, el hijo amado. ¿Cómo es la Transfiguración motivo de alegría y de compromiso en nuestro discipulado?

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