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Evangelio del día y comentario – 6 de agosto de 2019

Lc 9, 28b-36: Este es mi Hijo amado

Transfiguración del Señor Primera Lectura: Dn 7, 9-10.13-14 Su vestido era blanco Salmo responsorial: Sal 96, 1-2. 5-6. 9 Segunda lectura: 2Pe 1, 16-19 Oímos esta voz del cielo

Tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura. De pronto dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron gloriosos y comentaban la partida de Jesús que se iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se retiraron, dijo Pedro a Jesús: — Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres carpas: una para ti, una para Moisés y una para Elías —No sabía lo que decía—. Apenas lo dijo, vino una nube que les hizo sombra. Al entrar en la nube, se asustaron. Y se escuchó una voz que decía desde la nube: —Éste es mi Hijo elegido. Escúchenlo. Al escucharse la voz, se encontraba Jesús solo. Ellos guardaron silencio y por ese tiempo no contaron a nadie lo que habían visto.

Comentario

La transfiguración del Señor es un momento especial en el que Jesús desea que sus seguidores se rehagan ante el desgaste y la desilusión, que recobren fuerza y coraje para seguir adelante ante el camino doloroso de la cruz. Al permitir que estos tres apóstoles fueran testigos oculares de su gloria, Jesús ha querido permitirnos divisar borrosamente aquello que ningún ojo vio, ni oído escuchó, aquello que seremos los que escuchamos al Hijo querido del Padre. Ante la gloria de Dios el hombre se siente pobre y vacío, reconoce que nada es; sin embargo, la respuesta de Dios ante la miseria humana ha sido asumirla en su Hijo amado y de esta forma revestirnos de su propia gloria. De esta forma, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios se convierte en la gloria de Dios aquí en la tierra. Somos invitados a “transfigurar” nuestras realidades cotidianas. No nos desanimemos pues es cierto que no podremos cambiar el mundo pero sí nuestros espacios comunitarios y personales. ¿Recuerdas algún momento de “transfiguración” en tu vida cotidiana?

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