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Evangelio del día y comentario – 6 de abril de 2020

Jn 12, 1-11: María ungió los pies de Jesús

LUNES SANTO Primera lectura: Is 42, 1-7 Sobre Él he puesto mi espíritu Salmo responsorial: Sal 26, 1-3.13-14

Seis días antes de la Pascua Jesús fue a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 2 Le ofrecieron un banquete. Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. 3 María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy costoso, ungió con él los pies a Jesús y se los enjugó con los cabellos. La casa se llenó del olor del perfume. 4 Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: 5 ¿Por qué no han vendido ese perfume en trescientas monedas para repartirlas a los pobres? 6 Lo decía no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón; y, como llevaba la bolsa, robaba de lo que ponían en ella. 7 Jesús contestó: Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura. 8 A los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. 9 Un gran gentío de judíos supo que estaba allí y acudieron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 10Los sumos sacerdotes habían decidido dar muerte también a Lázaro, 11porque por su causa muchos judíos iban y creían en Jesús.

Comentario

Betania es la “Casa del Pobre”. Allí una mujer unge los pies de Jesús. La mujer es quien expresa mayor pobreza en la sociedad de Jesús. Ella es pobre entre los pobres. Jesús está cerca de padecer una de las mayores pobrezas para aquella sociedad: la muerte en cruz. Ella lava los pies del hombre que luego dará el mayor testimonio de servicio: lavará los pies a sus discípulos y también el mayor testimonio de amor: entregará la vida por ellos y por toda la humanidad. El gesto tierno y cargado de sinceridad existencial de la mujer es desaprobado por Judas, el único discípulo mencionado en la escena. Frente a la actitud del discípulo, Jesús introduce su palabra para aprobar lo que la mujer está haciendo. Hay una relación muy profunda entre la mujer y Jesús. Él la comprende, como solo ella entiende a Jesús. Esta mujer escribe el preámbulo de la pasión y muerte del Señor. Cada cristiano está invitado a ungir a Jesús con una vida de servicio, amor y entrega a los hermanos.

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