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Evangelio del día y comentario – 5 de septiembre de 2021

Mc 7, 31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

23º Ordinario Teresa de Calcuta (1997) Lorenzo Justiniano (1455) s 35, 4-7a: El mudo cantará Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor Sant 2, 1-5: No hagan diferencias en la Asamblea

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis. 32Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él. 33Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva; 34levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Effatá, que significa ábrete. 35Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente. 36Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban. 37Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Comentario

Tras el encuentro con la mujer sirofenicia (Mc 7, 24-30), Marcos indica que Jesús anda visitando ciudades fuera de Galilea. En ese viaje le llevan a Jesús un hombre con sordera y dificultad para hablar. En aquel tiempo, la enfermedad estaba asociada a un castigo de parte de Dios. Los enfermos con sus diferentes dolencias terminaban siendo rechazados y excluidos de la convivencia religiosa y social, vivían en una situación permanente de muerte a pesar de estar con los vivos.

La respuesta de Jesús ante la situación no se hizo esperar. Saca al sordomudo de la multitud y lo libera de esa opresión y dependencia hacia los demás. Luego, procede a su sanación, la cual se realiza en dos momentos: el primero, Jesús le abre los oídos y el segundo, le habilita el habla.

La curación es llamativa. Contra toda norma, Jesús toca a este enfermo, toca sus oídos, la lengua con saliva (medicamento de esta práctica terapéutica), y pronto suspira o insufla; un gesto simbólico que recuerda la creación del primer hombre llamado Adam (tomado de la tierra). En este sentido, el gesto de Jesús recuerda aquel soplo vital que Dios inspiró sobre el hombre en su creación (Gn 2, 7). Al doble gesto de Jesús se añade la palabra aramea -effetá- ábrete. Este imperativo es una alocución dirigida al hombre incapaz de oír que le hace entender la curación como una liberación. La atadura de la lengua podría ser una alusión al “demonio” de la enfermedad de la que Jesús lo está liberando.

En la parte final de la curación con la aclamación de la multitud hacia Jesús, se deja entrever que más allá de los milagros, esta acción pone de relieve un mundo nuevo en el que se manifiesta la voluntad salvífica de Dios en la historia. Esta voluntad de hacer “todo bien” se debe a la convicción profunda de la defensa de la vida y el cuidado de la misma. Solo de esta forma se podrá asumir de manera eficaz la acción salvadora de Jesús, signo ineludible del reinado de Dios. Como seguidores del maestro, ¿estamos dispuestos a sumarnos a la acción de cuidar y defender nuestra vida, la de los demás y la de la naturaleza tal como se refleja en la acción sanadora de Jesús a favor del tartamudo sordo?

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