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Evangelio del día y comentario – 5 de octubre de 2019

Lc 10, 17-24: Le di poder para vencer al enemigo

Tranquilino Ubiarco (1928) Ana Schäffer (1925) Primera lectura: Bar 4, 5-12.27-29 Vuélvanse a buscar a Dios Salmo responsorial: Sal 68, 33-37

En aquel tiempo volvieron los setenta y dos discípulos muy contentos y dijeron: Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían. 18Les contestó: Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo. 19Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará. 20Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo. 21En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, esa ha sido tu elección. 22Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo decida revelárselo. 23Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo: ¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! 24Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

Comentario

El Evangelio nos muestra el regreso de los discípulos, se constata el éxito de la misión y una dimensión de alegría. El éxito de la misión por la supremacía del nombre de Jesús respecto a las potencias del mal y la aniquilación de Satanás. La dimensión de la alegría está en el comienzo de la misión, y en el ser conocidos y amados por Dios. El significado de la expresión: sus nombres están escritos en el cielo es estar presente en el corazón de Dios. También aparece la oración de Jesús donde expresa la bondad de Dios evidente en los pequeños y sencillos. A los sabios que se jactan de su conocimiento les cuesta entrar en el plan de la salvación de Dios. El contenido teológico de la oración de Jesús y de la nuestra es la humildad, principio del encuentro con Dios, y acoger su benevolencia. ¿Cómo percibimos que las fuerzas del mal son aniquiladas en la vida de nuestra comunidad?

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