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Evangelio del día y comentario – 5 de mayo de 2020

Jn 10, 22-30: El Padre y yo somos uno

Estanislao Kazimierczyk (1489) Primera lectura: Hch 11, 19-26 También anunciaron a los paganos Salmo responsorial: Sal 86, 1-3. 4-5. 6-7

22Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno,23y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.24Los judíos lo rodearon y le preguntaron: ¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente. 25Jesús les respondió: Ya se lo dije, 26pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.27Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 28Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. 29Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. 30El Padre y yo somos una sola cosa.

Comentario

Nuevamente utiliza la comparación con las ovejas. Los dirigentes judíos, al no creer, no pertenecen al grupo de Jesús; mientras quienes han creído conocen la voz (Palabra) del verdadero pastor y le siguen. Nuevamente Jesús subraya la íntima comunión con el Padre como garantía suprema de la autenticidad de su misión. ¡Qué difícil es para quien se cree seguro en sus convicciones aceptar la novedad del Evangelio! Los ojos se enceguecen, los oídos ensordecen y los pies se paralizan aferrados a tradiciones que impiden reconocer en Jesús al enviado de Dios. La invitación del Señor es a abrirnos a la novedad del reino y dejarnos arrebatar por él. ¿Estás dispuesto/a a dejarte seducir por Jesús y su mensaje, con todas sus novedosas consecuencias?

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