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Evangelio del día y comentario – 5 de julio de 2020

Mt 11, 25-30: Soy manso y humilde de corazón

14º Ordinario Antonio Ma. Zacarías, fundador (1539) Primera lectura: Zac 9, 9-10 Mira a tu rey que viene a ti Salmo responsorial: Sal 144, 1-2.8-11.13c-14 Segunda lectura: Rom 8, 9.11-13 El Espíritu Santo les da vida

En aquella ocasión Jesús tomó la palabra y dijo: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! 26Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 27Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce al Hijo, sino el Padre; nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo. 28Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. 29Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida. 30Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Comentario

En repetidas ocasiones el papa Francisco ha dicho que los creyentes del siglo XXI tenemos dos grandes desafíos: cuidar del planeta que es nuestra casa común y vivir como hermanos. Dos desafíos y dos grandes tareas que exigen lucidez, creatividad y ánimo. Retos que cimbran la fe y la espiritualidad de todos los creyentes que trabajamos por el Reino.

La liturgia de la palabra de este día tiene una fuerte dosis de alegría creativa que nace de la fe. Zacarías proclama, en el capítulo nueve, la presencia de un mesías humilde, justo, victorioso y poderoso que viene a salvar a su pueblo. La alegría es tan intensa y profunda que debe gritarse, proclamarse. Zacarías recoge estas palabras como síntesis de la teología apocalíptica; su proclamación deja entrever la esperanza de paz para el pueblo de Israel al final del imperio persa. La situación del pueblo judío fue dolorosa y desesperante por la invasión de Alejandro Magno primero y de las legiones romanas después. Sin embargo, gracias a la intervención amorosa de Dios, esta etapa concluyó. La noche pasó y la luz del nuevo día empieza a brillar.

El Reino de Dios no es una propuesta especulativa de Jesús, sino un signo bien conocido, que recogía los anhelos y las esperanzas más hondas de Israel. El proyecto del Reino es la esperanza que Jesús encontró en el corazón de su pueblo y que supo recrear desde su propia experiencia de Dios, dándole un horizonte nuevo y sorprendente.

El Reino que Jesús les proclama responde a lo que ellos más desean: vivir con dignidad, en un ambiente de justicia, fraternidad y paz. Jesús no excluye a nadie. A todos les anuncia la buena noticia de Dios, pero esta buena noticia no puede ser escuchada por todos de la misma manera, pues la misericordia de Dios está urgiendo, antes que nada, a hacer justicia a los más pobres y humillados. Por eso la venida de Dios es un consuelo y alegría para los que están cansados y agobiados, mientras que se convierte en amenaza para los causantes de explotación.

La Buena Noticia es una exhortación constante para llenarnos del “Espíritu de Cristo” y liberarnos de los bajos instintos de la competencia, de la indiferencia y del egoísmo, como lo precisa la carta a los creyentes de Roma.

¿Nuestra proclamación del Reino es buena noticia para los sencillos o nuestro discurso y práctica pastoral no les toma en cuenta? Pidamos al Dios de Jesús que nos dé vida con su Espíritu, para que renovemos las fuerzas y logremos contagiar a quienes hoy se sienten cansados y humillados por la sociedad.

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