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Evangelio del día y comentario – 5 de diciembre de 2019

Mt 7, 21.24-27: El prudente cumple la voluntad del Padre

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. 25Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. 26Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre tonto que construyó su casa sobre arena. 27Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y esta se derrumbó. Fue una ruina terrible.

Comentario

La seguridad es uno de los bienes más preciados de la vida civilizada, y por eso surgieron las ciudades, en las que los habitantes se organizan para protegerse de los depredadores externos. Pronto surgieron los enemigos y depredadores internos y se volvió imperativo un régimen de justicia, hacia dentro y hacia afuera. Ni los muros costosos ni las leyes draconianas dan seguridad, sino la justicia y la participación equitativa en el bien común. El resto son placebos. Vale la pena recordar que por centurias la urbe ha explotado los bienes de los no ciudadanos, de los que viven a la intemperie, en zonas rurales, fuera de los muros. El poder se ha concentrado en los centros urbanos en detrimento de la campiña. Esto ha marcado la concepción del mundo y de la sociedad por generaciones, acentuando la inequidad. En un tejido social tan depredado económica, religiosa, social y culturalmente, es indispensable recuperar la ética del bien común con justicia. Es hora de edificar el sueño de Isaías y construir la urbe universal.

 

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