Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 4 de octubre de 2020

Mt 21, 33-43: Arrendará la viña a otros

27º Ordinario Francisco de Asís (1226) Primera lectura: Is 5, 1-7 La viña del Señor es Israel Salmo responsorial: Sal 79, 9.12-16.19-20 Segunda lectura: Flp 4, 6-9 La paz de Dios estará con ustedes

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: Escuchen otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; después la arrendó a unos viñadores y se fue. 34Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó a sus sirvientes para recoger de los viñadores el fruto que le correspondía. 35Pero los viñadores agarraron a los sirvientes y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, y al tercero lo apedrearon. 36Envió otros sirvientes, más numerosos que los primeros, y los trataron de igual modo. 37Finalmente, les envió a su hijo, pensando que respetarían a su hijo. 38Pero los viñadores, al ver al hijo, comentaron: Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia. 39Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿cómo tratará a aquellos viñadores? 41Le respondieron: Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen su fruto a su debido tiempo. 42Jesús les dijo: ¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro? 43Por eso les digo que a ustedes les quitarán el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos.

Comentario

En este mes tan misionero (DOMUND) y tan claretiano (fiesta de san Antonio María Claret) somos invitados estos domingos a descubrir y conocer las características del Reino de Dios para aceptarlo y formar parte de él.

El profeta Isaías nos presenta a manera de relato, de una viña y su dueño, la historia entre el Señor y su amado, el pueblo de Israel, a quien ofreció afecto y ternura y tuvo que terminar con severidad y desgracia porque Israel se negó a dar buenos frutos y acabó finalmente siendo exiliado. El Señor pedía derecho y justicia y sólo recibió asesinatos y lamento.

Pablo como contraparte en su carta a los Filipenses nos anima a tener profunda confianza en la providencia divina que nos hace rechazar la angustia y la ansiedad. Y con todo esto se nos exhorta entonces a vivir los valores del Reino sabedores de la presencia de Jesús que guarda nuestros corazones y nos ofrecerá su paz. Así se dará el fruto que Dios espera de nosotros.

En el evangelio, partiendo también de la parábola de la viña, Jesús se enfrenta a las autoridades religiosas de su época. La viña ahora es la Iglesia, somos nosotros. Dios quiere que respondamos con fidelidad y agradecimiento por los dones recibidos y no como los viñadores homicidas infieles y malagradecidos a la alianza pactada con el dueño de la viña. Hoy se nos desea recordar que formar parte del Reino pide acoger a los enviados del Padre y, especialmente, a Jesús, la piedra angular de la nueva construcción. Somos invitados a realizar con urgencia un autoexamen. ¿Somos un pueblo que estamos produciendo frutos del Reino?

“Fruto” es una palabra frecuente en el evangelio de Mateo. La verdadera conversión lleva a un cambio de vida, a una radical obediencia a Dios. El Evangelio es una invitación a promover una “vida convertida”, que podemos resumir en los dos mandamientos de amar a Dios y amar al prójimo. No esperemos a que el Señor busque a otros que “le entreguen los frutos a su tiempo”. Jesús no quiere amenazar a nadie, sino conducir a los que lo escuchan a una verdadera conversión. El Maestro toca directamente al corazón y a la conciencia, provocando una reacción de adhesión o de rechazo. ¿Cómo estás respondiendo a la llamada que Dios te dirige? ¿Estamos produciendo hoy los frutos que responden a la realidad que vivimos?

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *