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Evangelio del día y comentario – 4 de junio de 2020

Mc 12, 28b-34: No hay mandamiento mayor que éstos

María Elizabeth Hesselblad (1957) Felipe Smaldone (1923) Primera lectura: 2Tim 2, 8-15 La Palabra no está encadenada Salmo responsorial: Sal 24, 4-5b.8-9.10.14

Un letrado se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el precepto más importante? 29Jesús respondió: El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo. 30Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. 31El segundo es: Amarás al prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos. 32El letrado le respondió: Muy bien, maestro; es verdad lo que dices: el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él. 33Que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. 34Viendo Jesús que había respondido acertadamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió a dirigirle más preguntas.

Comentario

Se termina el ciclo de las preguntas a Jesús por parte de las autoridades. Esta vez, no es para hacerle caer en una trampa, el escriba que le interroga parece realmente interesado en saber cuál de los 613 preceptos de la ley es el que resume mejor la Torá. La respuesta de Jesús es clara: no se trata de seguir una cantidad de preceptos, sino de un principio ético fundamental: el amor. El escriba no puede menos que estar de acuerdo con Jesús en que la observancia de los rituales religiosos es menos importante que el amor a Dios y al prójimo. Nuestro amor a Dios debe ir acompañado del compromiso de mejorar las condiciones de nuestro prójimo, en particular, de los más débiles e indefensos. El amor nos anima a seguir el modelo de Jesús y a luchar por una sociedad más inclusiva, superando las fronteras del prejuicio racial, de clase, de género, de cultura. Jesús enseña que a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor.

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