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Evangelio del día y comentario – 4 de julio de 2021

Mc 6, 1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

14º Ordinario Isabel de Portugal (1636) Ez 2, 2-5: Ve a Israel, pueblo rebelde Salmo 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia 2Cor 12, 7b-10: Muy a gusto presumo mis debilidades

En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. 2 Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? 3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo. 4 Jesús les decía: A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. 6 Y se asombraba de su incredulidad. Después recorría los pueblos vecinos enseñando.

Comentario

Jesús experimentó diferentes reacciones ante su mensaje, Buena Noticia para los más abandonados pero noticia extraña, incluso conflictiva, para los asentados cómodamente en las estructuras del honor y del poder. Estos diferentes auditorios fueron: la muchedumbre, los pobres de la tierra, sus parientes, los escribas, los enfermos, los endemoniados y, hoy, sus propios paisanos. Sus discípulos decidieron acompañarlo en el viaje a su tierra natal porque adivinaban el conflicto. Jesús ofreció la novedad del Evangelio anunciándolo un sábado en el lugar sagrado del pueblo, la sinagoga, lo que provocó la indignación y el rechazo de sus vecinos.

Ya han oído hablar de Él por romper con las normas de la sinagoga, curando en sábado. Ya han oído hablar de Él porque ha roto con las leyes de pureza. No están de acuerdo por su amistad con publicanos y pecadores. Ya han oído que comparte la mesa con los excluidos del sistema religioso y político. Ahora el desprecio de sus paisanos brota porque conocen a Jesús como uno de tantos de la comunidad. Conocen bien a su familia. ¿De dónde saca esas palabras, si no ha estudiado en ninguna escuela de la ciudad? ¿No es este el hijo del carpintero, el hijo de María? Se extrañan de sus palabras porque no pueden creer que un profeta verdadero surja de su propia tierra. Para ellos la profecía tiene que venir de los estudios y no de la cotidianidad de la vida diaria. Pero Jesús no cede en su misión de anunciar un mundo donde Dios reine y decide visitar los pueblos vecinos para seguir enseñando. Quiso realizar allí los signos de su vocación de Mesías de Dios, pero la falta de fe de sus paisanos no era un terreno preparado para esos signos. Y es que el rostro del Dios de Jesús y su proyecto de vida chocaron con el rostro del Dios del templo y de las leyes de pureza.

Para Jesús, Dios el Padre está en los últimos y en la vida de los sufrientes de la historia. Su proyecto del Reino era una noticia muy diferente al proyecto del Reino que anunciaban escribas y fariseos. Este mensaje es una luz para leer lo que sucede hoy con los profetas que surgen entre los campesinos sin tierra, los líderes indígenas y las mujeres defensoras de la vida. Los poderes fácticos, que de hecho ejercen el poder, hacen todo lo posible para acallarlos pero cuando más los persiguen más brotan. Es el Espíritu de Dios que anida en el corazón de mucha gente, como anidó en el corazón de Ezequiel para despertar la conciencia de sus contemporáneos.

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