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Evangelio del día y comentario – 4 de diciembre de 2019

Mt 15, 29-37: Jesús sana a muchos enfermos

Juan Damasceno (749) Primera lectura: Is 25, 6-10a El Señor dará una fiesta Salmo responsorial: Sal 22, 1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó. 30Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba. 31La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel. 32Jesús llamó a los discípulos y les dijo: Me compadezco de esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.33Le dijeron los discípulos: ¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como este, conseguir suficiente pan para toda esta gente? 34Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tienen? Ellos le contestaron: Siete y algunos pescaditos. 35Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo. 36Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; estos se los dieron a la multitud. 37Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos.

Comentario

El día a día nos cose a la piel el dolor y el sufrimiento; son parte de nosotros. Y si no duelen las propias, no hay que andar mucho para encontrar dolencias en la calle, en la plaza, en la escuela o en la casa. El dolor es personal, intransferible, pero también posee una dimensión social, porque es como inherente a lo humano; de allí, de la humanidad, nace el grito a la solidaridad y a la comunión. Entonces el grito genera alivio. El Evangelio habla de eso; del corazón mesiánico que cambia el sufrimiento en salud y la tristeza en gozo. En Isaías, en contrapartida, la fiesta expresa la alegría del corazón que canta y baila henchido de satisfacción. Isaías describe un banquete universal del conocimiento de Dios que aniquila a la muerte y borra toda humillación de los suyos. Los cristianos entendemos que la Eucaristía aniquila la muerte y dignifica a todos; es nuestra fiesta. Ella la es fuente de vida y dignidad a la que el Señor convida a todos los pueblos.

 

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