Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 4 de agosto de 2021

Mt 15, 21-28 ¡Mujer, qué grande es tu fe!

Juan María Vianney (1859) Nm 13, 2-3a.26–14, 1.26-30.34-35: Cargarán su pecado Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

En aquel tiempo fue Jesús a la región de Tiro y Sidón. 22Una mujer cananea de la zona salió gritando: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio. 23Él no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron. Señor, atiéndela, para que no siga gritando detrás de nosotros. 24Él contestó: ¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel! 25Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame! 26Él respondió: No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos. 27Ella replicó: Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños. 28Entonces Jesús le contestó: Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos. Y en aquel momento, su hija quedó sana.

Comentario

Un elemento de la lectura bíblica desde la hermenéutica en clave de mujer es ver cómo ellas hacen uso del poder. Su método propone ver aquellos textos en donde la mujer aparece no solo como víctima sino como protagonista de conquistas, espacios y reclamos de derechos. Eso lo podemos recrear en el relato de hoy: dos mujeres son protagonistas de este momento trascendente con Jesús. Una enferma, no habla, solo sufre en su cuerpo la carga de una enfermedad que la atormenta, que la deja incapaz de hablar. La otra es madre, una mujer valiente, recursiva; ella es su abogada. Ha sido capaz de cruzar las fronteras geográficas de Tiro y Sidón y esas otras fronteras culturales y psicológicas por la sanación de su hija. No solo eso, ella ha sido capaz de trasgredir las reglas y los espacios para pedir una migaja aunque fuera, con tal de que sanara su hija. Y con su fe cruzó las montañas y alcanzó lo que buscaba, su hija quedó sana aquel día del encuentro con el Galileo. ¿Conoces madres así?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *