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Evangelio del día y comentario – 4 de agosto de 2019

Lc 12, 13-21: Lo que has acumulado ¿de quién será?

18o Ordinario Juan María Vianney (1859) Primera Lectura: Eclo 1, 2; 2, 21-23 ¿Qué saca el hombre de sus trabajos? Salmo responsorial: Sal 89, 3-6. 12-14. 17 Segunda lectura: Col 3, 1-5.9-11 Busquen los bienes de arriba

En aquel tiempo uno de la gente le dijo a Jesús: Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo. 14Jesús le respondió: Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes? 15Y les dijo: ¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes! 16Y les propuso una parábola: Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha. 17Él se dijo: ¿qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha? 18Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. 19Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come y bebe, disfruta. 20Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será? 21Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios.

Comentario

La primera lectura nos presenta la importancia de trabajar por lo que realmente cuenta. Los seres humanos a través de la historia siguen buscando placeres refinados, aspiran al reconocimiento social, ansían riquezas, luchan y matan inclusive por obtener el poder, sin embargo, al final de sus vidas serán despojados de todo esto. Este sabio observa con atención y pregunta: ¿Vale la pena luchar y hasta perder la vida por todo esto que se reduce a “ilusiones”? Qohélet aconseja disfrutar de los bienes que nos ofrece la vida, no perderla acumulando bienes para heredar a quien no se fatigó por ellos.

San Pablo al escribir a los Colosenses los exhorta a comportarse como peregrinos que aspiran a lo valioso que es la vida del espíritu obtenida por el bautismo y pide rechazar la codicia, expresión de una humanidad corrupta, y que es una forma de idolatría. Junto con ello recuerda huir de la mentira para ir con firme esperanza alcanzando el objetivo de la vida cristiana en el mundo: un ser nuevo, renovado a imagen de su Creador.

El Evangelio nos advierte en boca de Jesús que no se puede poner todo el afán y la ilusión en el “tener” haciendo de los bienes nuestro dios, hacerlos un fin, no un medio, y peor aún consagrarles toda nuestra vida. La inseguridad en que vivimos nos empuja a pensar erróneamente que acumular nos permitirá vivir tranquilos, tener tiempo libre, no depender de nadie, disfrutar y ser felices. Se piensa que la vida nos puede durar lo que duren y produzcan los bienes; sin embargo, del tener no depende todo y menos lo más importante: nuestra vida y su calidad, pues la vida no es nuestra ni la recibimos de las cosas.

Ser ricos a los ojos de Dios es llegar a ser personas en relación armoniosa con los demás, realizando una comunión en los bienes y el espíritu sabiendo que nadie nos puede arrebatar, ni siquiera “heredar” este don de Dios. La persona que ama, y que en lugar de atesorar reparte, es fuerte aun en la misma muerte y la vence con la fuerza del amor oblativo donde no se guarda nada para sí porque lo ha compartido con Dios y con su prójimo. ¿Has pensado en que la herencia es para dividirse y, sin embargo, “esta” es la que divide? Esto es una necedad.

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