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Evangelio del día y comentario – 31 de diciembre de 2020

Jn 1, 1-18: La Palabra se hizo carne

Silvestre I (335) Primera lectura: 1Jn 2, 18-21 Ustedes están ungidos Salmo responsorial: Sal 95, 1-2.11-14

Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella existía al principio junto a Dios. 3 Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe.4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres;5 la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. 6 Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 7 que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. 8 Él no era la luz, sino un testigo de la luz. 9 La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. 10En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: 13ellos no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. 14La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad. 15Juan grita dando testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo. 16De su plenitud hemos recibido todos: gracia tras gracia. 17Porque la ley se promulgó por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad se realizaron por Jesús el Mesías. 18Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre. Él nos lo dio a conocer.

Comentario

Juan se remonta a las profundidades teológicas de esa sencilla narración. En este himno introductorio a todo su evangelio y que es un maravilloso prólogo que sintetiza todo el misterio de la encarnación aparece Jesús como la exégesis del Padre, la Palabra hecha carne, transparencia de la identidad de Dios. Por eso solo puede adivinar algo de este misterio el que escucha la palabra hecha carne que es Jesús, y el que no la escucha entra en una crisis existencial, se queda en la tiniebla y no disfruta de los grandes dones que trae este Niño en la Navidad. Aprendamos del evangelista Juan a ver en la narración pequeña, completamente humana de la Navidad, el secreto oculto, el misterio que está allá dentro.

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