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Evangelio del día y comentario – 31 de diciembre de 2019

Jn 1, 1-18: La Palabra se hizo carne

Silvestre I (335) Primera lectura: 1Jn 2, 18-21 Ustedes están ungidos Salmo responsorial: Sal 95, 1-2. 11-14

Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella existía al principio junto a Dios. 3 Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. 4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; 5 la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. 6 Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 7 que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. 8 Él no era la luz, sino un testigo de la luz. 9 La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. 10En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: 13ellos no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. 14La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad…18Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre. Él nos lo dio a conocer.

Comentario

El texto de la carta de san Juan apela a la identidad profunda del cristiano recibida en el bautismo para disponerlo a la fidelidad eclesial. Con la unción se estaba expresando el “derramarse” del Espíritu Santo sobre el fiel, para asemejarlo a Cristo, el ungido para la vida verdadera por excelencia. Pero, al creyente en Cristo, esa unción con aceite le confería un estatus “mesiánico”, lo singularizaba ante el mundo, integrándolo en la comunidad de los ungidos para la vida. San Juan denuncia que unos cristianos han roto con la comunidad, y que esto deja en claro que estamos en los tiempos finales, cuando el mayor de los enemigos del Ungido habría de seducir y reclutar militantes para la batalla final. San Juan entiende que estos tiempos son los definitivos. Los creyentes nos situamos ante el mundo con cierta extrañeza y beligerancia, porque tenemos conciencia de nuestra unción. Hemos sido ungidos para la vida, y todo aquello que merme la vida verdadera no puede tener cabida en nosotros. ¿Cómo promovemos la vida verdadera en nuestra comunidad?

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