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Evangelio del día y comentario – 31 de agosto de 2019

Mt 25, 14-30: Has sido fiel, pasa al banquete

Ramón Nonato (1240) Primera Lectura: 1Tes 4, 9-11 Dios les enseñó a amarse Salmo responsorial: Sal 97, 1. 7-9

El aquel tiempo Jesús les contó a sus discípulos esta parábola: Un hombre que partía al extranjero; antes llamó a sus sirvientes y les encomendó sus posesiones. 15A uno le dio cinco bolsas de oro, a otro dos, a otro una; a cada uno según su capacidad. Y se fue. 16Inmediatamente el que había recibido cinco bolsas de oro negoció con ellas y ganó otras cinco. 17Lo mismo el que había recibido dos bolsas de oro, ganó otras dos. 18El que había recibido una bolsa de oro fue, hizo un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 19Pasado mucho tiempo se presentó el señor… El que había recibido cinco bolsas de oro le presentó otras… 21Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor… 22Se acercó el que había recibido dos bolsas de oro, le presentó otras dos… 23Su señor le dijo: Muy bien, sirviente honrado y cumplidor… 24Se acercó también el que había recibido una bolsa de oro y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que cosechas donde no has sembrado y reúnes donde no has esparcido. 25Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo. 26Su señor le respondió: Sirviente indigno y perezoso… 28Quítenle la bolsa de oro y dénsela al que tiene diez. 29Porque… al que no tiene se le quitará aun lo que tiene. 30Al sirviente inútil expúlsenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

Comentario

La parábola de los talentos ofrece una enseñanza sencilla y exigente. Dios da a cada persona múltiples dones, los cuales no deben estar ociosos sino en constante crecimiento. Podemos añadir dos cosas más. Dios reparte los talentos de acuerdo a las capacidades y necesidades de cada uno. Desafortunadamente, muchos cristianos viven más preocupados y con envidia de los talentos de los otros, que de conocer y desarrollar los propios. Todos los talentos, aún el más pequeño, son como la semilla de mostaza, con posibilidades de crecer y cubrir nuestras necesidades. Dios nos pide seguir sus instrucciones, pero trabajar con autonomía. No somos títeres de Dios. La Palabra de Dios es una luz en el camino para tomar las mejores decisiones, pero cada uno es quien determina qué hacer y cómo hacerlo. Hacer la voluntad de Dios no significa esperar a que Dios nos dicte lo que debemos hacer, es descubrir creativamente lo que Él quiere que hagamos de acuerdo a cada tiempo y lugar. ¿Cuál de nuestros talentos permanece enterrado y cuáles sin mucho crecimiento?

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