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Evangelio del día y comentario – 30 de junio de 2020

Mt 8, 23-27: Increpó a los vientos y vino una calma

Protomártires de Roma (s. I-IV) Primera lectura: Am 3, 1-8; 4, 11-12 Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Salmo responsorial: Sal 5, 5-6.7.8

Cuando subía Jesús a la barca le siguieron los discípulos. 24De pronto se levantó tal tempestad en el lago que las olas cubrían la embarcación, mientras tanto, él dormía. 25Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! 26Él les dice: ¡Qué cobardes y hombres de poca fe son ustedes! Se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma. 27Los hombres decían asombrados: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?

Comentario

El miedo y la zozobra son un par de sentimientos que hacen parte de nuestra existencia, sobre todo, éstos afloran en momentos difíciles, momentos de crisis en la cual a veces no se puede encontrar alguna salida a los problemas. En este nuevo relato, la atención se centra en la persona de Jesús y los discípulos que lo siguen. Ellos son, precisamente, la representación de la existencia humana. Éstos han emprendido un viaje con Jesús y, de pronto, una tempestad pone en evidencia sus miedos e inseguridades, condición de la crisis provocada por ser cristiano. Ante ello, no les queda otra oportunidad, sino de aferrarse de Jesús como su salvador. La llamada de atención por parte de Jesús por la falta de fe, es la oportunidad para explicar el significado de la presencia de Jesús en medio de la comunidad y la oportunidad para que los creyentes puedan volverse hacia Cristo como su Salvador, en la hora de la prueba, de la crisis, de la amenaza y de nuestras baraúndas existenciales.

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