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Evangelio del día y comentario – 30 de julio de 2020

Mt 13, 47-53: Reúnen los peces buenos

María de Jesús Venegas (1959) Pedro Crisólogo (451) Primera lectura: Jr 18, 1-6 Como barro en manos del Alfarero Salmo responsorial: Sal 145, 1b-2.3-4.5-6b

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: El Reino de los cielos se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie. 48Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran. 49Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos 50y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 51¿Lo han entendido todo? Le responden que sí, 52y él les dijo: Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas. 53Cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí.

Comentario

Encontramos otra parábola del Reino. La historia que enmarca la parábola es conocida por los galileos de la época, ya que vivían alrededor del lago, y describe la alegría del pescador al final de un día de trabajo pesado y esmerado. Las imágenes de la parábola tienen como objetivo describir el destino de los que omiten a Dios de sus vidas. El horno del fuego o la gehena alude a un lugar donde se tiraba la basura de Jerusalén, y por tanto va a significar lugar de exclusión y condena. Pero esa exclusión no viene de Dios, ya que nos ama. Cada uno de nosotros se excluye a sí mismo. El evangelio de hoy finaliza con una alegoría sobre la transmisión de la fe de padres a hijos. Jesús exhorta a la comunidad a ser responsable de la transmisión de la fe, reconociendo la acción de Dios en la historia, dando apertura a la imagen de Dios plasmada en Jesús. ¿Qué cosas debo desechar de mi vida para seguir a Jesús?

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