Publicado el Deja un comentario

Evangelio del día y comentario – 30 de agosto de 2019

Mt 25, 1-13: ¡Que llega el esposo, salgan recibirlo!

Rosa de Lima (1617) Primera Lectura: 1Tes 4, 1-8 Dios quiere que se santifiquen Salmo responsorial: Sal 96, 1. 2b. 5-6. 10. 11-12

El aquel tiempo Jesús les contó a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos será como diez muchachas que salieron con sus lámparas a recibir al novio. 2 Cinco eran necias y cinco prudentes. 3 Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron aceite. 4 Las prudentes llevaban frascos de aceite con sus lámparas. 5 Como el novio tardaba, les entró el sueño y se durmieron. 6 A media noche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo! 7 Todas las muchachas se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Las necias pidieron a las prudentes: ¿Pueden darnos un poco de aceite?, porque se nos apagan las lámparas. 9 Contestaron las prudentes: No, porque seguramente no alcanzará para todas; es mejor que vayan a comprarlo a la tienda. 10Mientras iban a comprarlo, llegó el novio. Las que estaban preparadas entraron con él en la sala de bodas y la puerta se cerró. 11Más tarde llegaron las otras muchachas diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12Él respondió: Les aseguro que no las conozco. 13Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora.

Comentario

De la parábola podemos extraer varias enseñanzas: 1) Ser necio consiste en escuchar la palabra de Dios sin llevarla a la práctica. 2) El sensato escucha el mensaje y lo traduce a la vida cotidiana. 3) La fidelidad y la vigilancia son actitudes necesarias para no quedarnos sin aceite ni por fuera de la casa. 4) En la vida hay que estar siempre preparados, pues muchas cosas suceden repentina e inesperadamente. 5) No se puede improvisar en el último momento, tampoco prestar o transferir el aceite a otros. 6) El aceite es el Evangelio que se conserva para ir iluminando el camino que nos conduce a Jesús. 7) A todos nos toca poner algo de nuestra parte. El que no tiene aceite (Evangelio) no está en condiciones de aportar. Finalmente, no confiarnos en que el grito desesperado de “Señor, Señor” abrirá las puertas, Mateo recuerda que no todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *