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Evangelio del día y comentario – 3 de septiembre de 2019

Lc 4, 31-37: Los espíritus inmundos le obedecen

Gregorio Magno (604) Primera lectura: 1Tes 5, 1-6.9-11 Murió por nosotros Salmo responsorial: Sal 26, 1. 4. 13-14

En aquel tiempo, bajó Jesús a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. 32Estaban asombrados de su enseñanza porque hablaba con autoridad. 33Había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar: 34¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Consagrado de Dios! 35Jesús le increpó diciendo: ¡Calla y sal de él! El demonio lo arrojó al medio y salió de él sin hacerle daño. 36Se quedaron todos desconcertados y comentaban entre sí: ¿Qué significa esto? Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. 37Su fama se difundió por toda la región.

Comentario

La escena se desarrolla en Cafarnaún, centro de la actividad misionera de Jesús en Galilea. Todavía está solo, aún no cuenta con sus discípulos. Como en Nazaret, Jesús enseña en la sinagoga el día sábado y la gente se sigue asombrando con sus enseñanzas. Es el primer milagro que realiza y lo hace para expulsar un espíritu inmundo. El sentido del milagro es mostrar que la enseñanza de Jesús va unida a la acción, esta vez, imponiendo su poder sobre las fuerzas del mal que esclavizan al ser humano. Es irónico que en el primer milagro el espíritu maligno reconoce a Jesús como el Consagrado de Dios, mientras sus paisanos y las autoridades religiosas lo rechazan y lo persiguen para eliminarlo. El hombre enfermo es arrojado por el demonio al centro de la sinagoga, que es el lugar donde se hace la lectura de la Torá y donde se anuncia la palabra de Dios. El hombre es rescatado por Jesús y acogido por Dios. Si el Señor está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?

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