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Evangelio del día y comentario – 3 de octubre de 2019

Lc 10, 1-12: La cosecha es abundante

Emilia de Villanueva (1853) Francisco de Borja (1572) Primera lectura: Neh 8, 1-4a.5-6.7b-12 Es un día consagrado a Dios Salmo responsorial: Sal 18, 8-11

 

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos [en dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir. 2 Les decía: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha. 3 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. 4 No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. 5 Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. 6 Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. 7 Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. 8 Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. 9 Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes. 10Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan: 11Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha llegado el reino de Dios. 12Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la de aquella ciudad.

Comentario

El envío de los setenta y dos se ubica después del pasaje vocacional con temas similares: el camino (Lc 9, 57; 10, 1), la proclamación (Lc 9, 60; 10, 9) y ser obreros del anuncio. El número amplio de misioneros representa las
naciones del mundo (Gn 10; Hch 13 a 28) y la presencia de otras personas diferentes a los doce en la labor misionera. El envío vislumbra la dimensión comunitaria y testimonial, precedida por el mismo Jesús. La primera actividad apostólica es la oración, poniendo la mirada en el dueño de la mies; y se exhorta a los misioneros a poner su confianza en Dios. El misionero debe caracterizarse por la disponibilidad para el fracaso, ya que en la toma de conciencia de su fragilidad descubre que su fortaleza está en Dios y su testimonio de pobreza es libertad de corazón. La misión no admite distracciones y conlleva dedicación e inserción completa en la vida de la familia y autenticidad en el mensaje. ¿Cómo vivo la oración, el compromiso y la autenticidad de la misión en lo cotidiano?

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