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Evangelio del día y comentario – 3 de noviembre de 2020

Lc 14, 15-24: Vengan, todo está preparado

Martín de Porres (1639) Primera lectura: Flp 2, 5-11 Dios lo exaltó Salmo responsorial: Sal 21, 26b-30a.31-32

En aquel tiempo, uno de los invitados dijo a Jesús: ¡Dichoso el que se siente al banquete del reino de Dios! 16Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos. 17Hacia la hora del banquete envió a su sirviente a decir a los invitados: Vengan, ya todo está preparado. 18Pero todos, uno tras otro se fueron disculpando. El primero dijo: He comprado un terreno y tengo que ir a examinarlo; te ruego me disculpes. 19El segundo dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me disculpes. 20El tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir. 21El sirviente volvió a informar al dueño de casa. Éste, irritado, dijo al sirviente: Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a pobres, mancos, ciegos y cojos. 22Regresó el sirviente y le dijo: Señor, se ha hecho lo que ordenabas y todavía sobra lugar. 23El señor dijo al sirviente: Ve a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. 24Porque les digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.

Comentario

Jesús compartió la mesa y la amistad, con publicanos, pecadores y prostitutas, como símbolo de la misericordia de Dios. En nuestra parábola de hoy, los primeros invitados (el latifundista que “compra” tierras, el ganadero que “compra yuntas de bueyes”, y el que se acaba de casar) representan a la elite que han hecho, de las exigencias radicales del Evangelio, un “evangelio de la prosperidad”. Recordemos que solo el 3% de la población en tiempos de Jesús controlaban tierras y ganados. Las bodas entre la elite servían para conservar sus privilegios y seguir controlando la economía. Para Jesús, la economía debe ser para todas las personas y no solo para unos cuantos, por eso trae a la memoria el banquete escatológico como signo del que Reino ha llegado aquí y ahora. Esta parábola sigue manifestando el amor incondicional de Dios con sus pobres y marginados: con la madre soltera, migrante, indígena, los desposeídos y los gays, porque en las comidas y en el banquete de Dios siempre “sobra lugar”.

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