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Evangelio del día y comentario – 3 de enero de 2020

Jn 1, 29-34: He aquí al Cordero de Dios

Kuriakose Elías Chavara (1871) Primera lectura: 1Jn 2, 29–3, 6 Quienes permanecen en Dios, no pecan Salmo responsorial: Sal 97, 1.3c-6

Al día siguiente, Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. 31Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel. 32Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. 33Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. 34Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

Comentario

Juan Bautista nos ayuda a penetrar en la identidad del Mesías Jesús. Lo define como Cordero de Dios que sufriendo quita no los pecados, sino “el pecado” del mundo, el proyecto total de rechazo a la ternura de Dios y a su proyecto de vida. Con ese título precioso Juan nos recuerda que Jesús-Cordero es la mejor expresión de un modo de vivir que rechaza matar, quitar vidas y que lo cambia radicalmente haciendo de su propia vida una víctima para la felicidad de los otros. Dar la vida es el secreto del Mesías Jesús. Por eso bautiza al mundo con su Espíritu, comunicándole la vida y es así la antítesis del pecado del mundo de lo que habla la primera lectura. Esta es la metodología que quiere introducir el Cordero Jesús en la historia de los humanos: no hay mayor amor que dar la vida. Así surgirá un mundo dichoso como lo expresará Jesús en el sermón de la montaña. El testimonio de Juan es una lección preciosa de cristología que necesita urgentemente la Iglesia hoy.

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