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Evangelio del día y comentario – 3 de agosto de 2021

Mt 14, 22-36: ¡Hombre de poca fe!

Pedro Julián Eymard, fundador (1868) Jr 30, 1-2.12-15.18-22: Yo cambiaré tu suerte Salmo 181: El Señor construyó Sión y apareció en su gloria

Mandó Jesús a los discípulos embarcarse… mientras él despedía a la multitud. 23Después subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo. 24La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario. 25Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo. 27Pero Jesús les dijo: ¡Ánimo! Soy yo, no teman. 28Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti. 29Ven, le dijo Jesús. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús; 30pero, al sentir el fuerte viento, tuvo miedo, entonces empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame! 31Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?… 34Terminaron la travesía… 35Los hombres… le llevaron todos los enfermos 36y le rogaban que les permitiese nada más rozar el borde de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.

Comentario

El evangelio de Mateo está dirigido a una comunidad cristiana que, luego de haberse enfrentado con el judaísmo oficial, son excluidos de la sinagoga y están aprendiendo a caminar solos. El relato de hoy refleja esta situación y representa a las comunidades de todos los tiempos. En la figura de Pedro estamos retratados todos los que hemos sido llamados a ser discípulos, aquellos que hemos sido seducidos por Jesús y proclamamos a los cuatro vientos la pertenencia al proyecto del Reino; pero que flaqueamos y caemos en las dificultades. Es importante resaltar que Pedro no teme porque se hunde sino que se hunde porque teme. Y, ¿quién mejor que Jesús para conocer nuestra fragilidad? El miedo no es obstáculo para caminar. Recordemos este relato cuando lleguen las dificultades y tribulaciones para tener la convicción de que Él estará siempre diciéndonos como a Pedro: “¡Ánimo!, ¡soy yo! ¡Sigue en camino, no detengas la marcha!”.

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