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Evangelio del día y comentario –3 de agosto de 2019

Mt 14, 1-12: Herodes mandó decapitar a Juan

Pedro Julián Eymard, fundador (1868) Primera Lectura: Lv 25, 1.8-17 Cada uno recobrará su propiedad Salmo responsorial: Sal 66, 2-3. 5. 7-8

En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes la fama de Jesús 2 y dijo a sus servidores: Ese es Juan el Bautista que ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos. 3 Herodes había hecho arrestar a Juan, encadenarlo y meterlo en prisión por instigación de Herodías, esposa de su hermano Felipe. 4 Juan le decía que no le era lícito tenerla. 5 Herodes quería darle muerte, pero le asustaba la gente, que consideraba a Juan como profeta. 6 Llegó el cumpleaños de Herodes y la hija de Herodías bailó en medio de todos. A Herodes le gustó tanto 7 que juró darle lo que pidiera. 8 Ella, inducida por su madre, pidió: Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista. 9 El rey se sintió muy mal; pero, por el juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran; 10y así mandó decapitar a Juan en la prisión. 11La cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la joven; ella se la entregó a su madre. 12Vinieron sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; después fueron a contárselo a Jesús.

Comentario

Los poderosos y los acomplejados pueden endiosarse de tal modo que utilizan a las personas y van cerrando su corazón a Dios, al prójimo y a ellos mismos. La Palabra nos invita a tener cuidado con el “herodes” que todos llevamos dentro. Cuando se atreven a decirnos la verdad solemos, como Herodes, encerrar a esas personas mentalmente, ignorarlas y hasta declararles la guerra. Nos duele cuando la verdad no corresponde a lo que queríamos oír. Todos deseamos escuchar cosas buenas de nosotros, que nos alaben o reconozcan nuestras virtudes y bondades y, por ello, cuando no es así el orgullo y la soberbia hacen que nos defendamos y justifiquemos nuestros errores cuando somos criticados. El “Herodes” que nos habita nos impide hacer un examen de conciencia objetivo para ver lo que hay de verdadero en la crítica que recibimos. Es una señal de madurez saber escuchar con un corazón sereno lo que los demás tienen que decirnos, aunque duela. ¿Sabías que si eres incapaz de aceptar las críticas pierdes una oportunidad de crecimiento personal?

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