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Evangelio del día y comentario – 29 de enero de 2020

Mc 4, 1-20: Salió un sembrador a sembrar

Pedro Nolasco, fundador (1258) Primera lectura: 2Sm 7, 4-17 Afirmaré tu descendencia Salmo responsorial: Sal 88, 4-5.27-28.29-30

Jesús 2 les enseñaba muchas cosas con parábolas. Esto es lo que les decía: 3 Salió un sembrador a sembrar. 4 Al sembrar, unos granos cayeron junto al camino; vinieron los pájaros y se los comieron. 5 Otros cayeron en terreno pedregoso, con poca tierra; al faltarles profundidad, brotaron enseguida; 6 pero, al salir el sol, se quemaron, y, como no tenían raíces, se secaron. 7 Otros cayeron entre cardos: crecieron los cardos y los ahogaron. 8 Otros cayeron en tierra fértil y dieron fruto, brotaron, crecieron y produjeron, unos treinta, otros sesenta, otros cien. 9 Y añadió: Quien tenga oídos para oír, que escuche… 14El que siembra, siembra la palabra. 15Unos son los que están junto al camino donde se siembra la palabra; en cuanto la escuchan, llega Satanás y se lleva la palabra sembrada. 16Otros son como lo sembrado en terreno pedregoso: cuando escuchan la palabra, la reciben con gozo; 17pero no tienen raíces, son inconstantes. Llega una tribulación o persecución por causa de la palabra, e inmediatamente fallan. 18Otros son como la semilla que cae entre espinos: escuchan la palabra, 19pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos ahogan la palabra y no la dejan dar fruto. 20Y otros son lo sembrado en tierra fértil: escuchan la palabra, la reciben y dan fruto al treinta o sesenta o ciento por uno.

Comentario

Vivimos en el mundo de la eficacia y de la inmediatez. Al ser humano le cuesta esperar, ser paciente. Quiere obtener resultados inmediatamente. Esta velocidad e inmediatez está afectando la vida para saber esperar con paciencia que los cambios y las transformaciones sociales y personales se realicen con el tiempo suficiente y la conversión sea una realidad abierta a la esperanza. En los procesos de evangelización se pretenden resultados rápidos y eficaces sin dejar que la semilla del Reino caiga en la tierra adecuada y de su fruto en el tiempo oportuno. Cuándo tenemos la paciencia de Dios nos llenamos de alegría, y la semilla del amor brota de forma inesperada. ¿Cómo vivimos nuestros procesos pastorales? ¿Con calma o con desesperación?

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