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Evangelio del día y comentario – 29 de diciembre de 2019

Mt 2, 13-15.19-23: Toma al niño y a su madre, y huye a Egipto

Sagrada Familia de Nazaret Tomás Becker, mártir (1170) Primera lectura: Eclo 3, 3-7.14-17 Sé constante en honrar a tus Padres Salmo responsorial: Sal 127, 1-5 Segunda lectura: Col 3, 12-21 Sopórtense y perdónense

Un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. 14Se levantó, todavía de noche, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto, 15donde residió hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que anunció el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi hijo. 19A la muerte de Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto 20y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a Israel, pues han muerto los que atentaban contra la vida del niño. 21Se levantó, tomó al niño y a su madre y se volvió a Israel. 22Pero, al enterarse que Arquelao había sucedido a su padre Herodes como rey de Judea, tuvo miedo de ir allí. Y avisado en sueños, se retiró a la provincia de Galilea 23y se estableció en una población llamada Nazaret, para que se cumpliera lo anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

Comentario

La familia es el santuario de la vida y del amor. Cada pueblo de la tierra con su cultura propia y sus formas instituidas ha forjado su identidad y manera de estar en el mundo a partir de ese núcleo de relaciones cuasi naturales al que llamamos “familia”. En ella nacemos, crecemos y morimos, por así decirlo, pues lejos de ser un ente de razón es como nuestro medio de vida “natural”. Y aunque los humanos no somos los únicos que vivimos en “familia”, ciertamente es nuestro medio de “humanización”. Justo por eso quizá, es que podemos percibir a la familia en continua transformación.

En la familia se generan los modos de ser, en continuidad con la tradición cultural, al tiempo que la novedad es incorporada. Con celeridad cada vez mayor, la familia ha ido cambiado y con ella los núcleos o valores que la constituyen. Hoy hablamos de que hay un gran porcentaje de “familias disfuncionales”, pero esto no es nuevo. Los mismos libros de la Biblia dan testimonio de las transformaciones de la vida familiar, de cómo los cambios políticos, económicos, religiosos y sociales la modifican. Nos guste o no, el concepto de familia ha variado de la época de David a la de la cultura griega y romana del tiempo de Jesús; pero lo mismo está sucediendo hoy. Nuestras sociedades cristianizadas han visto las transformaciones más notorias en este terreno, al punto de hablar de que hay un gran porcentaje de familias “disfuncionales”

A partir de la segunda guerra mundial, la familia nuclear se ha visto acompañada por otras formas familiares, debido a los fuertes cambios sociales de nuestra época. La movilidad laboral y la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo son dos de las recientes condiciones que han provocado cambios en las formas familiares y domésticas. Pero también otros “signos de los tiempos” han abonado en este sentido, como son los derechos humanos, la libertad religiosa y la equidad de género. Ahora es común encontrar familias monoparentales, otras llamadas “ensambladas” o reconstituidas. Sociológicamente hablando, cada vez más, los involucrados en alguna de las formas de familia proceden con mayor conciencia sobre la forma familiar que desean establecer, antes que adoptar una que constriña sus expectativas de vida.

Las lecturas nos impulsan a considerar los valores que alientan nuestro núcleo familiar. La primera lectura interpreta el cuarto mandamiento para fundar un deber de solidaridad familiar. La segunda enfatiza la reciprocidad relacional, en tanto que el Evangelio nos coloca ante una familia “hijocéntrica”, en categorías sociológicas. A la familia, la sacralidad le viene de su compromiso con la vida plena, la de Dios. ¿Qué valores familiares nos hacen “plenos”?

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