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Evangelio del día y comentario – 29 de abril de 2021

Jn 13, 16-20: Sé a quiénes he elegido

Catalina de Siena (1380) Hch 13, 13-25: Un salvador para Israel Salmo 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: Les aseguro que el sirviente no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. 17Serán felices si, sabiendo estas cosas, las cumplen. 18No hablo de todos ustedes, porque sé a quiénes he elegido. Pero se ha de cumplir aquello de la Escritura: El que compartía mi pan se levantó contra mí. 19Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy. 20Les aseguro: quien reciba al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me envió.

Comentario

El servicio debe ser el gesto permanente del discípulo de Jesús. Servir implica abajarse. No se puede ser servidor si se mantiene la posición elevada. Es necesario agacharse delante de la persona a quien se va a servir. Si se mantiene la posición elevada el gesto será de lástima, de limosna, pero no de servicio auténtico. Quien sirve de verdad tiene que renunciar a sus honores y privilegios. Tiene que descender de sus alturas mentales, emocionales y existenciales. Quien asume la condición de servidor (siervo, sirviente) debe ponerse en el mismo nivel del beneficiario o, incluso, más bajo. Solo así el beneficiado no se sentirá humillado y menospreciado. El gesto de Jesús al lavar los pies de sus discípulos es ponerse al nivel de ellos, incluso al nivel de sus pies para lavárselos. Oficio propio der los esclavos. Por eso el que quiere servir, pero no se agacha, no se hace esclavo, su actitud no será de servicio sino de autorreferencialidad. ¿Qué actitud asumes cuando atiendes a una persona necesitada?

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