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Evangelio del día y comentario – 28 de noviembre de 2019

Lc 21, 20-28: Está cercana la destrucción de Jerusalén

Catalina Labouré (1876) Primera lectura: Dn 6, 12-28 Dios cerró las fauces de los leones Interleccional: Dn 3, 68-74

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que está cercana su destrucción. 21Entonces los que estén en Judea escapen a los montes; los que estén dentro de la ciudad salgan al campo; los que estén en el campo no vuelvan a la ciudad. 22Porque es el día de la venganza, cuando se cumplirá todo lo que está escrito. 23¡Ay de las embarazadas y de las que tengan niños de pecho aquel día! Sobre el país vendrá una gran desgracia y sobre este pueblo soplará la ira de Dios. 24Caerán a filo de espada y serán llevados prisioneros a todos los países. Jerusalén será pisoteada por paganos, hasta que la época de los paganos se termine. 25Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje. 26Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán. 27Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria. 28Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación.

Comentario

Jesús anuncia con un lenguaje apocalíptico, muy típico de los profetas del Primer Testamento, que ha llegado el “día del Señor”, o el “día de la venganza”. Su anuncio pone énfasis en la destrucción de Jerusalén, ciudad donde reside el poder político, económico y religioso de su época. Todo un sistema de dominación, que se opone a la propuesta de Jesús, va a caer estrepitosamente. El anuncio de Jesús no es para asustar a los discípulos por lo que va a suceder, sino que es más bien un llamado a la esperanza: los poderes de este mundo no son más fuertes que el poder de Dios. La victoria es del Hijo del Hombre anunciada por el profeta Daniel (cf. Dn 7, 13-14). Desde nuestras comunidades también estamos llamados a ser portadores de esperanza y no dejarnos desanimar por los tiempos difíciles que vivimos. Aunque nos parezca que nada tiene remedio y que todo va a seguir igual, hay que seguir luchando con la seguridad de que el bien va a vencer al mal.

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